Nicolás Albera
Damián Bernarte atraviesa uno de sus
momentos más complejos como intendente en San Francisco. Al menos en lo
relacionado a la gestión, ya que como interino sufrió un ataque en plena calle:
un disparo con arma de fuego que casi le quita la vida a finales de 2022.
Este
martes anunció la reducción de la estructura política con la eliminación de dos secretarías, pasando de nueve a siete. Además, el 30% de los cargos de la
planta política serán reestructurados con menor rango, lo que implicará una
reducción en sus retribuciones y, por consiguiente, un ahorro para el
municipio. También dispuso el congelamiento de sueldos de la planta política por
un período mínimo de 120 días. Cabe recordar que en dos oportunidades anteriormente
había decidido un recorte salarial: primero del 15% y luego del 20%.
El
primer año de Bernarte ya como electo lo afrontó sin motosierra, esa
herramienta que, al contrario, el presidente Javier Milei utilizó desde el primer día de su gobierno para
recortar puertas adentro y acomodar la macroeconomía. El sanfrancisqueño mostró
obra pública, invirtió y saldó adeudas que tenía con algunos barrios en
relación a pavimento, cordón cuneta, cloacas e iluminación, entre otras.
Pero
con el pasar de los meses, los fondos empezaron a escasear y la demanda de los
vecinos a crecer: medicamentos, asistencia alimentaria, transporte, entre ellas,
a las cuales debió hacerle frente.
Recursos
en baja
Los
recursos que venían por medio de la coparticipación provincial se vinieron
abajo, y también los propios que vienen atados de la tasa de Comercio e
Industria, la más importante del municipio.
Los
últimos números que se conocen son los que brindó el propio Bernarte en marzo,
en su discurso de apertura de sesiones del Concejo Deliberante: en 2024, la
recaudación del municipio se redujo un 10,6% en términos reales, lo que
representó una pérdida de más de cuatro mil millones de pesos en ingresos.
A
la par, la oposición le apunta al líder del Ejecutivo por ampliar la planta de
personal y elevar el gasto público, asegurando que estas medidas llegan tarde. Encima,
el Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales (Suoem) se encuentra en pie
de guerra reclamando aumento salarial y disparando munición pesada: “Si hoy
tienen un déficit de 350 millones de pesos, es porque hay mala administración y
desorden”, declaró el secretario general, Víctor
Lescano.
Señal
política
La
estrategia para aplicar los recortes fue definida por Bernarte buscando dar una
señal política contundente en un momento donde el electorado demanda gestos a
los funcionarios públicos. No es justo que solo los vecinos, por medio de las tasas y contribuciones, más las sobretasas eternas, se hagan cargo de la situación.
A
la par, el Gobierno nacional viene de recibir un importante apoyo en las
elecciones legislativas de la ciudad de Buenos Aires que, si bien mucha gente
no fue a votar, los que fueron en su mayoría ratificaron el rumbo económico de la gestión
de Milei, pese al gran ajuste. Y eso, aunque nadie lo diga a viva voz, también se tiene en cuenta
al momento de tomar decisiones fuertes.
En
cuanto a la estructura administrativa, Bernarte también decidió que las áreas
municipales serán reestructuradas para unificar acciones. La Secretaría de
Innovación pasará a integrar la de Vinculación Educativa, Tecnológica y
Productiva, y la Secretaría de Prevención Urbana se unificará con la de
Gobierno.
“El
esfuerzo es de todos, pero para priorizar las respuestas y soluciones a las
demandas de los vecinos, la señal concreta debe provenir desde la política”,
fundamentó el intendente.
El
apoyo provincial está, pero hay que esforzarse
El
jueves pasado, el gobernador Martín
Llaryora estuvo en San Francisco y públicamente felicitó a Bernarte: “Estás
haciendo una gran gestión”, le dijo y prometió con su latiguillo que no le dará
una mano sino las dos. Sobre todo, en este momento complicado.
El
mandatario provincial –como en su momento lo hizo Juan Schiaretti– prometió apoyo logístico y recursos para sostener
las grandes obras públicas anunciadas de manera conjunta. Pero exigiría control
del gasto corriente y una paulatina reducción del déficit. En eso está
Bernarte.