Los días 6, 7 y 8 de noviembre, el Superdomo será sede de una edición la Feria del Libro de San Francisco, con una propuesta que reunirá a destacados referentes de la literatura y el periodismo.
Uno de los periodistas más reconocidos que se presentará es Hugo
Alconda Mon, quien traerá su libro “Topos”, una investigación sobre espías
rusos que establecieron su base de operaciones en Buenos Aires. Además,
compartirá detalles de su próximo libro.
Su presentación está prevista para el sábado a las 19 en el
escenario principal del Superdomo.
Sin dudas uno de los comunicadores más atacados por el Gobierno
de Milei, pero él asegura que los otros presidentes también pidieron su cabeza.
“Todos los gobiernos, desde Menem en adelante, pidieron mi cabeza”, comentó semanas
atrás en una entrevista brindada a la Revista Quorum.
Alconada Mon lleva años demostrando que, en la Argentina,
investigar el poder muchas veces implica convertirse también en parte de la
historia. Sus revelaciones sobre corrupción, espionaje, los Panamá Papers, el
caso Ciccone, $LIBRA y, más recientemente, el Plan de Inteligencia Nacional,
alimentaron investigaciones judiciales, incomodaron a gobiernos de distinto
signo político y lo expusieron a amenazas, hackeos y campañas de hostigamiento.
Pero el costo de ese trabajo no quedó sólo en él.
También alcanzó a su entorno más cercano: desde el seguimiento a su familia hasta la incertidumbre que rodeó el pliego de una de sus cuñadas, cuya designación judicial continúa sin oficializarse por parte del Gobierno nacional. Quizás por eso, el momento más revelador de esta entrevista con Quorum no llega cuando habla de la SIDE, de la corrupción o de la Justicia, sino hacia el final, cuando confiesa que siempre intentó mantener a sus hijos, a sus padres y a los suyos lo más lejos posible de las consecuencias de su oficio.
-Hay muchas crónicas periodísticas que cuentan que el
presidente Javier Milei pidió que te echen de La Nación. ¿Es así? ¿Qué gobierno
pidió más tu “cabeza”?
No tengo un ranking. Lo que sí te puedo decir es que todos
los gobiernos, desde Carlos Menem en adelante, pidieron mi cabeza. Durante el
kirchnerismo me dejaron claro que estaban siguiendo mis movimientos, que
estaban siguiendo a mi mujer y a mis hijos menores de edad. Durante el macrismo
también, y con el gobierno de Milei llegaron incluso intentos de hackeo del
teléfono, y de la cuenta de X.
-¿Te anotaron en páginas también, no?
Sí, sí. Mis amigos lo tomaban en broma, porque parte de la
técnica que usan es que te van inscribiendo y registrando en distintas páginas
de internet, por ejemplo, de trading financiero, y yo no tengo nada que ver. Y
lo mismo hicieron con páginas pornográficas. Mis amigos, en broma, decían:
“Ahora que te inscribieron en la página pornográfica, dame la clave”. Y ahí fue
cuando me asusté e hice la denuncia penal, que ahora está bajo investigación,
porque si después hay alguien que, en una de esas páginas, con mi nombre, sube
un video de un pedófilo y yo tengo que dar explicaciones sobre una página que
no conozco, con una cuenta que no administro. Ahí dije: “Hago la denuncia”, y
ahora lo está investigando la Justicia Federal.
-Eso fue porque habías revelado un papel muy importante
dentro de la SIDE. Vos, todos los años, hablás de los servicios de inteligencia
y me llamó la atención que una vez dijiste que el mejor consejo que te dieron
fue mantenerte lejos de la SIDE. ¿Sigue siendo el mejor consejo?
Sí. Y, lamentablemente, es un consejo que cada tanto termino
incumpliendo. Lito Vega, secretario de redacción de La Nación, me dijo una vez:
“Nene, mantenete alejado de la SIDE como si fuera la peste”. Fue uno de los
mejores consejos que recibí en el periodismo. El problema es que muchas veces
uno no llega buscando historias de inteligencia: se las termina encontrando.
Estoy hablando con una fuente sobre energía, economía o cualquier otro tema y,
de repente, aparece un dato que obliga a seguir investigando. Así nacieron
varios de los casos más importantes que hice. Mi trabajo consiste, en buena
medida, en reunirme todos los días con distintas fuentes y preguntar
simplemente: “¿En qué andás?”. Muchas veces, las mejores historias empiezan
ahí.










