La
ciudad de San Francisco adopta cada vez con más fuerza la moda Halloween, tanto
desde lo comercial como de lo cultural, tomando esta celebración internacional
como un momento especial para que los chicos (y no tan chicos) puedan disfrazarse,
jugar, pedir caramelos y en definitiva un motivo para socializar, bastante
lejos de las pantallas.
Atrás parece quedar esa discusión, aunque algunos
todavía lo hacen (Cada uno tiene su argumento), y la ciudad y zona ya tienen esta fecha como una excusa más
para hacer algo que los argentinos somos especialistas: celebrar, jugar y por
qué no, aprovechar la ocasión para generar un buen negocio en tiempos donde las
ventas cuestan conseguirse.
Obviamente la fuerza de los más chicos, la llegada
en las redes de estas celebraciones, y sumado al empuje de Runa con otra fiesta
impresionante hacen que en San Francisco otra vez se viva Halloween como propia
y ya casi nadie la discute…
Cuál es el origen de Halloween
La noche del 31 de octubre, en muchas ciudades alrededor del mundo, las calles se inundan de niños y adultos disfrazados que van de puerta en puerta riendo y pidiendo dulces. Halloween, también conocida como la Noche de Brujas, es una celebración moderna que ha trascendido su origen, adaptándose en distintos países y contextos. Lo que comenzó como una festividad pagana de los celtas para recibir el invierno se convirtió en una tradición de disfraces y dulces, especialmente popular en Estados Unidos.
El origen de Halloween se remonta a más de
2.000 años, cuando los pueblos celtas, ubicados en lo que hoy es el Reino
Unido, Irlanda y el norte de Francia, celebraban el festival de Samhain. Este
nombre, que significa “fin del verano”, marcaba la transición entre la
temporada de cosechas y el inicio del invierno. Los celtas creían que, durante
la noche del 31 de octubre, la línea que separa el mundo de los vivos y el de
los muertos se debilitaba, lo que permitía que los espíritus cruzaran al mundo
terrenal. Para protegerse de los espíritus malignos, las personas encendían
grandes hogueras y utilizaban máscaras o disfraces que les permitieran pasar
desapercibidos ante estas presencias sobrenaturales.
Cuando el Imperio Romano invadió las tierras
celtas, muchas de las costumbres de Samhain se mezclaron con las festividades
romanas. Una de estas celebraciones era la fiesta en honor a Pomona, la diosa
de la fruta y la fertilidad, en la que se ofrecían manzanas y otros frutos de
la cosecha. Con el tiempo, estas tradiciones se fusionaron en una celebración
común que preservaba elementos del festival celta.
Durante la Edad Media, la Iglesia Católica
intentó transformar estas prácticas paganas asignando el 1 de noviembre al Día
de Todos los Santos, conocido también como All Hallows Day. La noche anterior,
All Hallows Eve, fue adoptando el nombre de Halloween. A lo largo de los
siglos, las tradiciones de máscaras y hogueras continuaron, mientras que otros
aspectos, como el ritual de pedir comida o dulces de puerta en puerta, también
se consolidaron, especialmente en Irlanda e Inglaterra.
Con la
migración irlandesa hacia Estados Unidos en el siglo XIX, las prácticas de
Halloween viajaron con ellos. Los inmigrantes trajeron consigo la tradición de
las Jacko lanterns, linternas hechas a partir de nabos o remolachas talladas,
aunque con el tiempo, estas se convirtieron en las calabazas iluminadas que
conocemos hoy. Halloween se expandió en Estados Unidos, transformándose en una
celebración nacional y, eventualmente, en una festividad comercial repleta de
disfraces, decoraciones y dulces.
Cómo se celebra Halloween
Actualmente,
Halloween se celebra en la noche del 31 de octubre en muchas partes del mundo,
especialmente en países de habla inglesa como Estados Unidos, Canadá, Reino
Unido e Irlanda. Los elementos tradicionales de Halloween incluyen disfraces,
decoraciones espeluznantes, y el famoso “truco o trato” también conocido como
“dulce o truco”.
La
decoración en casas y vecindarios es un aspecto clave, y es común ver fachadas
cubiertas con calabazas talladas, telarañas falsas, tumbas y figuras de brujas,
fantasmas y esqueletos. La elección de colores como el naranja y el negro
también es notoria, ya que simbolizan la cosecha y la muerte respectivamente,
un eco de los antiguos simbolismos celtas. (Con información de Infobae)











