El fin de semana, una niña de dos años fue atacada por un perro de raza pitbull en San Francisco. La pequeña fue asistida en el hospital Iturraspe con lesiones en el rostro y el cráneo, por lo que luego fue trasladada al Hospital de Niños de Santa Fe Orlando Alassia.
Según el relato brindado por su padre a la
Policía, el episodio habría ocurrido cuando la nena ingresó a la vivienda de
una vecina, donde se encontraba el animal. En tanto que la Fiscalía de turno
intervino en el caso y ordenó el secuestro del perro involucrado. Las
circunstancias en las que ocurrió el hecho son materia de investigación.
Ante este episodio, los abogados animalistas de
San Francisco, Milena Mariamé, Gretel Monserrat y Ariel Morandi, emitieron un
comunicado para concientizar sobre esta temática, donde remarcan que la responsabilidad
nunca es del animal.
“Justicia y Responsabilidad: Cuando la culpa
nunca es del animal”, se titula el escrito. Y agrega: “Como abogados
animalistas, no podemos permitir que este tipo de hechos se resuelvan con
soluciones facilistas que solo perpetúan ciclos de violencia, ocultan las verdaderas
responsabilidades y atacan a los seres más vulnerables. Es imperativo que, ante
un suceso tan doloroso, pongamos el foco en las causas genuinas y en la
responsabilidad humana, y no caigamos en la cómoda pero errónea práctica de
culpar al animal no humano”.
“El animal no es responsable: La
responsabilidad es humana. Debemos recordar una premisa fundamental: los
animales no humanos, desprovistos de discernimiento y conciencia moral en el
sentido humano, no pueden ser responsabilizados por sus actos”, explicaron y
añadieron: “Un animal actúa por instinto, por miedo, por defensa territorial, o
por una respuesta a un estímulo. No comprende sus actos ni las consecuencias
legales de los mismos. Atribuirle culpa es desviar la atención de la verdadera
problemática y evadir las obligaciones que como personas tenemos”.
También señalan: “Nuestro ordenamiento legal es
claro: quién tiene la guarda, el uso, la dirección o el control de un animal,
responde por los daños que éste cause. Esta responsabilidad es ineludible y se
fundamenta en el deber de todo guardián de asegurar un manejo responsable y la
seguridad de su entorno”.
“La responsabilidad por los daños que un animal
pueda ocasionar recae siempre sobre su guardián humano. Sin embargo, esta norma
no opera en un vacío. La complejidad de este caso se agrava por la presencia de
una menor de edad”.
En otro de los puntos resaltan la “Responsabilidad
Parental: Un Deber Ineludible de Cuidado y Vigilancia”
Aquí es donde entra en juego la responsabilidad
parental, un concepto central en nuestra legislación. “Los padres tienen el
deber irrenunciable y solidario de proteger, cuidar y supervisar a sus hijos
menores. Este deber implica una obligación de vigilancia constante y de
resguardo frente a posibles peligros. Según trascendidos de los medios, una
menor de tan solo dos años, cuya maduración mental le impide comprender
peligros o discernir situaciones de riesgo, no debería haber ingresado sin
control aparente de un adulto a una propiedad ajena, se vislumbra una grave
omisión en el ejercicio de esta responsabilidad fundamental”.
A la vez, indican que lógicamente la menor
también es víctima de esta acumulación de presuntas negligencias de los
adultos, la cual no puede ser trasladada al animal como chivo expiatorio.
“Soluciones
Crueles, Ineficientes y la Ignorancia Política Frente a eventos como este, es
previsible que surjan voces que reclamen medidas extremas y, a menudo, crueles,
sin fundamentos técnicos ni éticos. Queremos ser enfáticos: no hay
justificación alguna para proponer o implementar el desarme de boca, cualquier
otra mutilación, el aislamiento casi permanente o la eutanasia a un animal como
medida preventiva o solución definitiva”.
El comunicado continúa:
Tales prácticas son una forma de maltrato
animal, absolutamente ineficaces para prevenir incidentes futuros, ya que no
abordan la raíz del problema (que casi siempre es conductual o de manejo), y
causan un daño físico y psicológico irreparable al ser vivo. Desde la
Declaración de Cambridge de 2012, sabemos con rigor científico que los animales
pueden experimentar dolor o placer en forma consciente, no son máquinas, saben
de sufrimiento y privaciones.
Lamentablemente, en estos momentos de conmoción, no faltan políticos
que, sin el menor asesoramiento serio ni conocimiento de la materia, a modo
espasmódico y para cierta tribuna hambrienta, se apresuran a legislar o a
pronunciarse públicamente. Lo hacen estigmatizando razas y promoviendo
soluciones simplistas, muchas veces basadas en la etiqueta errónea de “perros
potencialmente peligrosos”.
Desde el derecho animal, rechazamos esta
terminología anacrónica y proponemos un cambio de paradigma: hablar de “Animales
de Abordaje Especial”.
Este nuevo enfoque reconoce que la “peligrosidad”
no reside en una raza, sino en la interacción humana, el manejo inadecuado, la
falta de socialización y la irresponsabilidad de los guardianes. Criminalizar
una raza es desconocer la ciencia y la etología, y desviar la atención de la
verdadera problemática: la guarda
irresponsable y la falta de educación por parte de los animales humanos.
Las máquinas (como los automotores) operadas por humanos producen muchísimas más
muertes y lesiones que los perros u otros animales, sin embargo la respuesta
social no exige venganza y rara vez se impone una pena efectiva al humano
responsable. No volvamos a la edad media
dónde, como bien lo refleja el Dr. E. Zaffaroni en su libro “La Pachamama y el
Humano”, los animales no humanos eran castigados por los delitos o acciones de
los humanos, sino seguimos en el oscurantismo y la barbarie.
Citando
a Chico Novarro “…..al no poder mandar a quien quisieran, descargan su poder
sobre las fieras….”.- Nada de piedad y compasión existen en dichas medidas, ni
mucho menos educación y justicia. Un Llamado a la Reflexión y al Asesoramiento
Experto Hacemos un llamado urgente a nuestros legisladores y funcionarios para
que, antes de emitir juicios o proponer normativas, se informen y escuchen a
los especialistas en derecho animal, etología, bienestar animal y educación.
Las soluciones no pasan por la prohibición o la
mutilación, sino por:
● Educación y concientización sobre tenencia
responsable de animales no humanos.
● Programas de socialización y educación para
los animales no humanos y sus tutores.
● Regulaciones de tenencia responsable que
enfaticen la obligatoriedad del control parental sobre los menores y la
supervisión adecuada de los animales no humanos.
● Promoción de la empatía y el respeto por
todas las formas de vida. Es hora de madurar como sociedad y comprender que la
responsabilidad no se elude culpando a quien no comprende sus actos. La
justicia para la menor herida, y la justicia para el animal, solo se lograrán
si encaramos este problema con seriedad, conocimiento y un profundo sentido de
la responsabilidad humana.








