Gonzalo
Castillo, especialista en grooming y docente en UTN San
Francisco, dio un panorama preocupante respecto a cómo van cambiando los
hábitos digitales de niños y adolescentes, los cuales muchas veces lo exponen a
diversos peligros.
Los agresores sexuales han extendido sus
mecanismos de captación hacia videojuegos multijugador, aplicaciones de
mensajería y comunidades virtuales, utilizando además nuevas herramientas
tecnológicas para construir identidades falsas y aproximarse a potenciales
víctimas.
El especialista pasó por Déficit Cero (@upsanfco + @3564streamtv) y aseguró que los casos de
grooming aumentan debido a que los chicos pasan cada vez más tiempo con un
teléfono celular u otro dispositivo en su mano.
Pero, además, Castillo advirtió sobre una nueva
forma en la que menores buscan hacerse de dinero fácil a cambio de fotos suyas
sexualizadas, algo que ya ocurrió en la ciudad.
En este escenario, llamó a estar atento a los
padres a señales que den sus hijos y remarcó la necesidad de fomentar el
diálogo.
- ¿Es
preocupante el panorama respecto a los casos de grooming?
Hay más casos porque los chicos cada vez pasan
más tiempo con el celular y a solas. Y cada vez lo van adquiriendo a más
temprana edad. Al principio se daba mucho los engaños a través de los
videojuegos y hoy en día llegó las redes sociales. Se está dando además esto de
que ofrecen apoyo emocional y es lo que trato de hablar en mis charlas de
grooming además de lo que es el control parental. La problemática surge cuando
los dejamos solos con los dispositivos tecnológicos, pero el mejor control parental
que podemos hacer primero es dialogar con el menor, ver si tiene cambios de
humor repentinos o esconden el celular cuando un adulto se les acerca o si está
recibiendo regalos de otra persona o dinero. Hay que estar atento a esas
señales, pero la principal es que escondan el teléfono cuando uno se acerca o
que tengan cambios de humor repentino. Todos somos seres sociales y siempre
buscamos a alguien para contarle lo que nos pasa. Si tu hijo no te lo está
contando a vos, se lo está contando a otra persona. Puede ser quizás el tío, la
tía, la madrina, el padrino o un desconocido. Entonces el primer control
parental no es digital, sino personal.
- ¿Influye
también hoy el fácil acceso a la pornografía?
Exactamente y cada vez a más temprana edad con
el despertar sexual. Hemos tenido casos de nenas de 12 y 13 años enviándoles
fotos voluntariamente a chicos de 17 y 18, desde un pijama party. Pasó acá en
la región. Ese despertar sexual está dándose por la cultura de la exposición
tanto desde la música como desde las redes sociales. Cuando pasan estos casos a
la vuelta de la esquina entonces el tema hay que ponerlo sobre la mesa, visibilizarlo
porque está pasando acá, no en Buenos Aires.
- ¿Qué
cambios fueron habiendo respecto a la modalidad del grooming?
Antes el grooming tenía como finalidad la
pornografía infantil, el secuestro pudiendo llegar hasta el sometimiento. Hoy
en día, sobre todo mujeres, encontraron un hueco para capitalizar, hacer dinero
a través del envío de imágenes voluntariamente a otras personas. Es decir, se
autoprostituyen virtualmente enviando contenido a adultos a través de aplicaciones
como Telegram y cobrando por eso a través de su cuenta de Mercado Pago. Y vuelvo
a repetir lo mismo, si no hay control parental, a la curiosidad el menor la
resuelve. Si vos no estás arriba como padre o madre charlando y creando un
contexto donde confíe en vos y te cuente a vos lo que le pasa, se lo va a
contar a otro. La curiosidad la tienen, el acceso a las herramientas está y con
ello el acceso a los riesgos.
- ¿Esto
pasa en San Francisco?
Sí y es muy es muy alarmante. Estuve hablando
con las autoridades para dar algún curso con esto, porque es algo que no había
escuchado hasta ahora que ocurra. Al dedicarme a esto me cuentan experiencias
por eso más que nunca se debe trabajar en proteger a los menores. Cuando me
enteré que esto estaba pasando no lo podía creer y que pase en nuestra zona es aún
más chocante.
- La
recomendación a los padres pasa entonces por no desentenderse de lo que hacen
sus hijos con un dispositivo tecnológico.
El gran desafío del control parental no es
restringirle la hora de uso al dispositivo o a qué páginas entrar o qué juego
usar. Para mí, el gran desafío del control parental es que uno a través del
diálogo pueda generar un vínculo de confianza donde el menor realmente te pueda
contar lo que le pasa sin sentirse juzgado. Que surja como algo normal.