Nicolás Albera
Este sábado se cumplirá una semana de un hecho que será imposible de olvidar para la ciudad de Brinkmann y seguramente las demás localidades de San Justo: el crimen de Aralí Vivas, la niña de 8 años que habría sido víctima de abusos sexuales y que luego, tras ser asesinada, quemaron su cuerpo con un incendio intencional dentro de la casa donde vivía.
El rápido accionar del fiscal de San Francisco, Oscar Gieco, permitió que horas después del hecho aparezcan los presuntos autores del homicidio, quienes ya se encuentran detenidos. Aunque estos, los ejecutores, forman parte de una cadena de responsables que es más amplia.
Conociendo todo lo ocurrido hasta aquí no hay dudas de que Aralí vivió un infierno. Sin embargo, era un infierno conocido por su círculo cercano y alguno que otro vecino y hasta por parte del Estado. Como dijo el mismo fiscal, la niñajunto a sus hermanos “fueron dejados a la buena de Dios”.
A uno de los detenidos, Cristian Hernán Varela (40), le adjudican una supuesta frase que dijo al subirse al patrullero horas después del incendio: “Pero abusaban todos de esa nena…”.
Varela es amigo Matías Ezequiel Simeone (33), padrastro de la niña y padre de sus hermanos. También se encuentra detenido porque ambos fueron captados por cámaras de seguridad en el momento en que pasaba todo.
Simeone era la pareja de Rocío Milagros Rauch (28), madre de Aralí, quien se fue de la casa un día antes del hecho y nunca volvió. También está imputada y detenida, se le adjudica haber omitido cuidarla, es decir, ejercer su rol como progenitora.
Gieco tiene pruebas contundentes para endurecer la imputación pasando de presunto homicidio simple a homicidio calificado por el vínculo. Testigos ratificarían que en esa casa se cometieron “abusos” y “el ingreso de hombres acusados de abusos”.
El mismo abuelo materno de la víctima, Omar Rauch, brindó declaraciones televisivas donde reforzó las sospechas de abuso sexual. Habló de “fiestas negras” que se realizaban en la vivienda “cuando la madre no estaba”.
La Senaf en el ojo de la tormenta
Este infierno en el que vivía Aralí no era desconocido tampoco para la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf). Las autoridades municipales de Brinkmann y el mismo fiscal le apuntaron por su responsabilidad: ¿no hubo un seguimiento pese a que sus hermanos habían sido separados y luego revinculados con gente dedicada a la delincuencia, la violencia y las drogas?
Para Gieco es inexplicable que hayan existido recomendaciones de que los más chicos volvieran a una casa con una mamá con problemas de adicciones y un progenitor afín, condenado pero en libertad. El intendente Mauricio Actis, manifestó que los funcionarios municipales habían objetado el informe de la Unidad de Desarrollo Regional San Francisco de la Senaf, que planteó que los chicos estuviesen en esa casa. Esto indica que había advertencias.
La titular de la Senaf, Julia Reartes, señaló este viernes que el organismo que dirige es solamente una parte de ese sistema, desligándose un poco de los cuestionamientos. Habló de encontrar responsabilidades puertas adentro para determinar sanciones.
Bajo la “protección” de un delincuente
Simeone, el padrastro de la nena y pareja de la mamá de ella, ya había amenazado a su suegra con quemarle la casa. También tiene denuncias por violencia hacia Rocío.
El hombre fue condenado en septiembre de 2023 a la pena de dos años y tres meses de ejecución condicional por la Cámara del Crimen de San Francisco. Pero al no ir preso volvió a la casa donde había pasado todo, donde estaban los niños y una madre ausente. La Senaf estaría al tanto porque ya había intervenido en esa casa.
Todo se convirtió así en un caldo de cultivo para que ocurra lo peor. La hipótesis central es que la pequeña fue asesinada tras haber sido abusada sexualmente y luego quemaron la casa con ella adentro para despistar.
Con todo esto, no queda ninguna duda que Aralí vivió un infierno. Tampoco quedan dudas de que no era un infierno desconocido. Lamentablemente, nadie evitó la tragedia.












