Nicolás Albera
A María
Florencia Bortolussi le dieron el pésame cuando conoció cuál iba a ser su
nuevo desafío. Dejar la prosecretaría de Instrucción y Familia de Villa María
para desembarcar en San Francisco y hacerse cargo de la fiscalía de Lucha contra
el Narcotráfico.
“Me dieron el pésame, pero yo no vengo con ningún
preconcepto. Alguien tiene que hacer este trabajo”, explica la magistrada en
una entrevista con Up, al brindar sus
primeras sensaciones a una semana de su llegada.
De 43 años y nacida en Santiago del Estero, Bortolussi
estudió Abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Su vinculación con
el Poder Judicial ya lleva 17 años. Se dice fanática de las series policiales y
de investigación, y se define como “adicta” al trabajo. Dedicación “full time”, asegura.
Su nueva función, sostiene, la seduce y lo toma
como un gran desafío porque entiende que la droga “es el principal problema de
esta sociedad”, ya que tiene implicancia casi absoluta en los demás delitos.
Por eso, en sintonía con el mensaje del gobernador Martín Llaryora quiere hacer de San Francisco un “lugar hostil”
para el narcotráfico.
-
¿Llega a San Francisco con qué desafío?
- Con el desafío de atacar la comercialización
de drogas, profundizar allí que es el meollo de la cuestión y el causal que
atraviesa a todos los delitos. Y atacarlos continuamente porque una vez que
sacás un kiosco o punto de venta van apareciendo otros, pero lo importante es
mantenerse en ese camino donde se los persiga, hacerle conocer al narco que San
Francisco no es tierra fértil para este delito. La directiva es llegar hasta
el origen de la droga, más allá del que vende en una esquina.
- El
conglomerado entre San Francisco y las dos localidades santafesinas que están
al límite, Josefina con su barrio Acapulco, y Frontera, al cual llaman “triple
frontera” ha sido en el último tiempo eje de campañas políticas nacionales y
provinciales por la incidencia del narcotráfico. ¿Qué le dijeron sobre esto?
- Me dieron el pésame cuando se supo que me
tocaba San Francisco. No vengo con un preconcepto. Estoy segura que si tengo un
problema de inseguridad el Ministerio Público va a actuar. El sistema responde.
El violento está acostumbrado a que el otro agache la cabeza, se nutre del
miedo. Entonces hay que enfrentarlo.
-
¿Es un problema el límite? Al momento de hacer allanamientos u otras
intervenciones judiciales.
- Es todo un sistema regulado. Es más
complicado porque existe una frontera, cruzar una calle es otra jurisdicción. Pero
hay articulación para trabajar en conjunto. Siempre es mejor mantenerte con tu
departamental (de Policía) y en tu terreno. Pero es cuestión de colaboración.
-
Hace una semana que llegó a San Francisco: ¿con qué se encontró?
- No conozco la ciudad en profundidad, estoy
viendo los puntos calientes, me fueron informando y quiero conocer más para
tener una visión más grande. Pero entiendo que sacando un kiosco de venta de
drogas de un barrio sacás una referencia, la mala influencia y empezás a
limpiar. Deja de haber soldaditos, mala junta. Es un trabajo duro, pero lo
vamos a intentar. Si no ponés límites funciona como un cáncer que se ramifica.
Si lo dejás actuar van a crecer, se generan otros puntos de venta en las
cuadras siguientes. El narcotráfico ha invadido todo, no importan las edades, el
estrato social. Lo que sí me llamó la atención que en esta fiscalía la mayoría de
las causas tienen sentencia porque llegaron a juicio. Eso es clave porque
muestra una respuesta concreta de la Justicia.
-
Usted viene de una fiscalía de instrucción. De acuerdo a su experiencia, ¿se
puede decir que la droga atraviesa a los demás delitos?
- Cuando uno le preguntaba antes a un imputado por
cualquier delito si consumía drogas te decían varios que no. Hoy eso cambió,
son casi todos. Consumen cocaína y marihuana. Todos los hechos que tienen los
demás fiscales inician con la droga, robar para consumir, peleas, violencia de
género, desobediencia a la autoridad. Los padres de estas personas adictas que
delinquen te piden que los dejemos presos porque si están en la calle no saben
dónde buscarlos. El daño social de la droga es enorme, te arruina familia,
grupo de amigos.
-
Cuando el gobernador Martín Llaryora presentó las nuevas fiscalías de Lucha
contra el Narcotráfico pidió que Córdoba sea un terreno hostil para los narcos.
¿Están las herramientas para ello?
- Lo que he pedido me lo han brindado. He
sentido mucho apoyo de las fuerzas policiales, del Ministerio Público Fiscal,
están constantemente colaborando. También hemos logrado una buena conexión con
los nuevos fiscales, muy buena predisposición, no noté egos. Sí me piden
resultados, quieren ver resultados. Acá hay que trabajar para obtenerlos. Y eso
se ve cuando una persona llama al 0800 (-888-8080) para denunciar y encontró
una solución al problema. Vio un allanamiento y que se cerró un punto de venta.
Lo debe sentir la gente, caso contrario nadie va a creer en la política, ni en
la Justicia.
-
¿Esos canales son utilizados para denunciar?
- Sí y son seguros porque son denuncias
anónimas. La gente debe conocer que funciona, que se certifica solo la denuncia
y no las identidades sino que es desde el anonimato. Todos los días llegan
llamadas, se dan ingreso y vamos investigando.
-
¿Hay probabilidad de que bandas rosarinas que se diseminan recalen en nuestra
región? ¿Cómo se evita su arribo?
- Es fundamental el trabajo articulado entre la
FPA, la Federal, Gendarmería y la Policía de Córdoba, para que no ingresen
narcos de otras provincias y que vengan a ajustar cuentas de este lado. Lo que
pasa en Rosario no debe pasar acá.
-
¿Cuál es el mensaje a la gente que está preocupada por el avance del
narcotráfico?
- En Córdoba el que delinque va preso. Nos deja
tranquilos que nos digan que somos muy carcelarios. Eso espera la sociedad, una
respuesta concreta dentro de la ley y el Código Procesal Penal. Quien
las hace, las paga. Yo quiero poder caminar tranquila en San Francisco y que no
digan que uno no hizo nada. La gente debe sentir tranquilidad de que trabajamos
para protegerla.