Nicolás Albera
Nueve años después de la muerte de Yuliana Chevalier (20), ocurrida en un
domicilio de barrio La Milka en 2017, comenzó el juicio en los Tribunales de
San Francisco. El único acusado es su expareja, Alejandro Lovera (45), en ese momento un policía que cumplía
funciones en Frontera y se encuentra acusado por el delito de “homicidio
culposo”. Es que, con su arma reglamentaria, la joven se autodisparó en la zona
del abdomen luego de una violenta discusión donde en el medio hubo drogas y
alcohol.
La acusación sostiene que Lovera (llega en libertad) fue indiferente
al cuidado de la pistola semiautomática que dejó cargada y sin seguro sobre una
heladera del domicilio en que convivía la pareja, incumpliendo sus deberes como
efectivo policial, entre ellos actuar ante un riesgo inminente de vida de
alguien. Sin embargo, el acusado solo atinó a tomarle una fotografía con el
teléfono celular y retratar el momento previo al desenlace de la mujer.
Por este motivo, la familia de Chevalier
asegura que la muerte no puede analizarse desde el momento del disparo, sino que
debe entenderse en el marco de una relación violenta –verbal y físicamente-
donde el expolicía ejercía abuso de autoridad.
Para la elevación a juicio, cabe recordar, la
causa pasó por varios procesos y fue confirmada por la Cámara del Crimen y
Apelaciones de Bell Ville en mayo de este año.
Por qué fue clave la primera audiencia
La primera audiencia fue clave este miércoles porque los primeros cuatro testigos que pasaron por la sala relataron que Lovera habría ejercido violencia de género hacia Yuliana. También
lo fue porque en el final, la fiscal de Cámara, Consuelo Aliaga, planteó que podría aplicar la figura procesal de
“hecho diverso”, lo que podría agravar la caratula pasándola de culposa a
dolosa.
El Código Procesal Penal de Córdoba contempla esta
figura cuando durante el debate surge que el hecho es distinto del contenido en
la acusación y establece un procedimiento específico para que intervenga el
fiscal.
“La fiscal adelantó que pedirá un hecho diverso
en la próxima audiencia. Esto prevé que en el debate surjan elementos que
modifiquen la acusación”, indicó el abogado querellante Mauro Gómez al término de la audiencia, agregando que la
expectativa es que pueda declararse nulo este juicio y se conforme un nuevo
tribunal más jurados populares para llevar a Lovera otra vez al banquillo de
los acusados, pero esta vez por un hecho doloso.
En Argentina, la pena básica por homicidio culposo es de uno a cinco años de prisión, mientras que el homicidio doloso simple tiene una pena de 8 a 25 años de cárcel.
Cabe destacar que la querella está compuesta además
por la madre de Yuliana y también la expareja de la joven, con quien tuvo un
hijo en común que hoy tiene 12 años.
Los testigos hablaron de maltrato
El primero en declarar fue Luis Aponte (29), querellante y padre de un niño de 12 años que
tuvieron en común con Yuliana. El hombre contó que Lovera la celaba a punto tal
de que debió darle un teléfono celular para poder contactarla y preguntarle
sobre su hijo, ya que no la dejaba tener uno propio.
Contó que se conocieron cuando ambos tenían 15
años y establecieron una relación de al menos cinco, hasta 2015: “Era muy
alegre y activa”, la describió y agregó que cortaron el vínculo por “cosas de
pareja” pero que siguieron llevándose bien y teniendo contacto.
Algo que destacó es que Yuliana mientras
estuvieron en pareja no consumió drogas ni tampoco alcohol en exceso, solo esto
último cuando realizaban alguna salida. También recordó que una vez muerta
cuando vio el cuerpo notó moretones en el abdomen, la cabeza y las piernas.
Cómo se conocieron Yuliana y Lovera
También en la primera jornada prestó testimonio
Teresita Benavidez (67), la abuela
de Yuliana, quien además la crió. Su relato se basó en primera instancia en
cómo se conoció la pareja: “La conoció cuando fue hacer una denuncia de un
abuso sexual. Con el móvil la llevó al Hospital Iturraspe y luego a Rafaela
porque el hecho ocurrió en la zona de Santa Fe”. Denuncia, que luego dijo,
nunca prosperó.
Agregó que tras ello, el expolicía empezó a
frecuentar el domicilio de la mujer para saber cómo estaba su nieta, pese a que
tenía una relación de pareja con otra persona. Ya con la relación entre ambos,
Benavidez también habló de lo celoso que era Lovera y que en alguna oportunidad
le rompió un teléfono delante suyo. También contó una situación donde vio como
le apretaba el cuello a la joven en una discusión.
“Yuliana no quería llevar a su hijo de Lovera,
me pedía que se quede conmigo, lo llevaba solo un ratito, pero nunca supe el
motivo real. Ella dormía en la casa de él, pero no llevaba porque supuestamente
el nene no se adaptaba al lugar”, explicó.
Remarcó otro incidente donde la golpeó en la
cara y eso generó una denuncia policial. Tras ello, Lovera fue trasladado de
Frontera a Esmeralda y habló de un episodio puntual relacionado a los celos del
hombre: “Una noche se vino a mi casa y se quedó sentado en la pieza de las 12
hasta las 6 de la mañana que lo vino a buscar un patrullero, mientras dormíamos
en el lugar mi nieta, su hijo y yo. Quería controlar que no salga a ningún lado”.
Benavidez contó también que Lovera le prestaba
el uniforme y el arma a Yuliana y también a su hermana, para que se saquen
fotos. Ante la consulta de si alguna vez su nieta le dijo que tenía intenciones
de quitarse la vida, lo desmintió tajantemente. En el final de su testimonio,
señaló que Lovera la ingresó a su nieta en el mundo de la droga para poder
tenerla encerrada en la casa y que "hasta la amenazaba con matarme a mí".
También declararon uno de los mejores amigos de
la joven, Pablo Toledo y su prima Agustina Tejeda. Ambos hablaron de
violencia del expolicía hacia la víctima y que la celaba, describiendo que
existía consumo de drogas por parte de la joven, la cual era suministrada por
su pareja.
La segunda audiencia está pautada para el
próximo 2 de septiembre, con más testigos. La lleva adelante un jurado unipersonal a cargo de Guillermo Rabino, mientras que Lovera es representado por la asesora letrada pública Marcela Beccaría.