El ingeniero que está a cargo de la empresa multinacional con base en San Francisco pasó por Déficit Cero. Respecto a la apertura de importaciones, sostuvo que la competencia es sana si hay un marco regulatorio justo.
El ingeniero que está a cargo de la empresa multinacional con base en San Francisco pasó por Déficit Cero. Respecto a la apertura de importaciones, sostuvo que la competencia es sana si hay un marco regulatorio justo.
El director de ZF Argentina, Andrés Fava,
sostuvo que Argentina es un país que vive todo el tiempo “en modo supervivencia”
mientras que el mundo le pasa por al lado y le saca ventajas. En ese marco,
pidió reglas de juego más claras para que las empresas puedan competir ante la
apertura de importaciones, tarea que le solicitó a los estados nacional,
provincial y municipal.
Fava, ingeniero electromecánico recibido en la
UTN San Francisco, pasó por Déficit Cero
(Up + 3564 Stream TV) para hablar del difícil panorama que atraviesa
actualmente la empresa que dirige.
- ¿Cómo
es dirigir una empresa multinacional?
- Es un desafío interesante el que asumí, pero
no es nada fácil. Como todo, una multinacional tiene cosas muy buenas y otras
no tanto. Tiene una serie de exigencias, condiciones importantes, una
burocracia significativa. ZF es la segunda autopartista más grande del mundo, con
más de 160 mil empleados alrededor del mundo y más de 160 empresas. En Sudamérica
hay 7 plantas, una de ellas en Argentina y el resto en Brasil. Es demandante el
sector, después de la pandemia nada fue lo mismo y quedaron cosas por acomodar,
la situación del mercado, las expectativas de electrificación, la guerra de
Ucrania… Todo eso hizo que empresas quedaran sobredimensionadas por una demanda
que nunca vino y que puso al sector bajo tensión. En el caso de ZF se dedica exclusivamente
a la fabricación de amortiguadores para vehículos de calle, y los pesados como
camiones y autobuses.
- A
ese contexto mencionado se suman los cambios constantes en materia económica,
las ideas antagónicas de modelos productivos que ocurren en este país
imprevisible.
- En mi opinión, uno de los problemas que adolecen
los argentinos es tener una memoria corta, selectiva. Es tan dinámica Argentina
que cosas que pasaron hace poco tiempo parece que pasaron hace muchos más años.
Doy un ejemplo para entender el tema de las multinacionales. Hace tres años con
la frontera cerrada no se le podía pagar a los proveedores. Tenemos muchos en Argentina,
pero otros en Europa, Estados Unidos y Asia. No se podía pagar por restricciones
en el Banco Central y nuestros colegas de Brasil salieron a pagar la cuenta, a
bancar la cadena de suministro. Entonces afuera no entienden las locuras de
este país. Nosotros pudimos sobrevivir gracias a la cooperación de nuestras
empresas hermanas de Brasil, pero otras se fundieron porque no tenían esta
posibilidad al no poder importar componentes que son clave para producir. Pasamos
de una banquina a la otra.
- ¿Falta
sentido común?
- Puede ser, pero hay un déficit de comprensión
de lo que pasa. Cuando un país vive todo el tiempo en modo supervivencia el
mundo te pasa por al lado y te saca una diferencia terrible. Y la Argentina se
quedó en el tiempo en muchas cosas. Eso duele. Uno ve cosas en otros países y
pensás que se podrían hacer acá. Existe la posibilidad de ir por ruta sin
necesidad de ir por las banquinas. Es cierto que además de directivo soy consumidor,
sufrí los abusos por tener las fronteras cerradas y acceder a bienes muy caros.
Ahora, irnos al otro extremo tiene sus riesgos. Se están haciendo cosas
importantes, queda mucho por hacer y creo que también la responsabilidad le corresponde
al sector estatal: nación, provincias y municipios.
- ¿En
qué sentido?
- Tener fronteras abiertas es un estímulo para
mejorar constantemente. La competencia es sana si hay un marco regulatorio
justo. Pero hay una realidad donde china es una potencia fuerte, y nosotros
tenemos un país que acumula asimetrías y eso hace que sea difícil competir. La competitividad
interna le corresponde a la empresa, pero otra parte no le corresponde a la
empresa. El costo argentino es una presión, una situación desvirtuada
impositiva que hace que un producto termine costando al consumidor final mucho
más caro de lo que valía. Hay un componente de carga impositiva y costos
importantes.
- ¿Cómo
están hoy y qué pueden pasar si no cambian las condiciones?
- Estamos desafiados como todas las empresas,
el contexto es extremadamente difícil pero no pierdo las esperanzas de que lo
hecho puertas adentro nos ayude a atravesar esta situación compleja, y que
además esto que algunos nos animamos a mencionar sirva para que quienes toman
decisiones reflexionen, que la crítica no significa renunciar a un modelo.
- ¿Si
las condiciones no cambian puede la empresa marcharse del país?
- Muchas multinacionales lo han hecho. Mientras
el país no sea previsible… Hoy hay cuestiones de la macro que están acomodadas
y eso hay que reconocerlo. Sino seria caótico, pero falta trabajo, deben dejar
de jugar al ping-pong nación, provincia y municipio y sentarse a trabajar en
esto.
ZF ArgentinaSan FranciscoAndrés Fava
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