Nicolás Albera
El arribo a San Francisco de la firma
patagónica La Anónima con un
supermercado de grandes disensiones mueve el tablero en este rubro después de un
largo letargo y proyectos truncados.
Hace unos días comenzó el movimiento de suelo
sobre el terreno donde se erigirá el centro comercial.
San Francisco supo ser territorio hostil para
las grandes cadenas que intentaron instalarse en el último tiempo. Walmart quiso desembarcar con un
ChangoMás y el empresario cordobés Euclides
Bugliotti, propietario del grupo Dinosaurio,
quiso lo propio con un Súper Mami.
Ya sea por presiones de los propios
comerciantes locales o por la coyuntura económica del momento, en ambos casos
las iniciativas cayeron en saco roto.
De esta forma, la llegada de La Anónima será un punto de quiebre en
la historia de nuestra ciudad ya que competirá mano a mano con el Hipermercado Anselmi, propiedad de una
histórica familia local, que hasta el momento mantiene la hegemonía en lo que a
grandes superficies se refiere.
Estar listo en diciembre
La Anónima (marca de la empresa Sociedad
Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia) lleva adelante un ambicioso
proceso de expansión por el interior del país. Hace unos días iniciaron en San
Francisco los trabajos de movimiento de suelo en un predio ubicado en Bv.
Buenos Aires, entre las calles Guatemala y pública, en el flamante loteo
Libertador II. La idea es tenerlo listo previo a las fiestas de fin de año.
El inmueble a construir se encuadra dentro de
la tipología supermercado, el cual en su programa funcional declara tener un
salón comercial, depósito y servicios, sumado a una playa de estacionamiento
propia. El foco está puesto en generar experiencias de compra integrales que
incluyan no solo alimentos, sino también indumentaria y bienes varios.
Aunque por el momento no trascendió, el
supermercado seguiría el modelo de otros que también se están levantando en
otras localidades del país: una sucursal de 2.500 m² cubiertos y más de 50
puestos de trabajo operativos. Por el momento, no trascendieron los montos de
la inversión, aunque es millonaria.
Los que fallaron en el intento
La fuerte presencia de los comerciantes
locales, la fuerza que supieron hacer las entidades empresariales y los
vaivenes económicos del país fueron determinantes en algunos momentos de la
historia reciente de San Francisco para que otras grandes cadenas de
supermercados den por caídas sus intenciones de radicación.
En 2012, en el segundo mandato de Martín Llaryora como intendente de San
Francisco, se debatió la instalación del súper ChangoMás (la cadena de precios
bajos de Walmart) que encontró el primer escollo en su camino a través de los
comerciantes pymes. En esa oportunidad rechazaron lo que pensaban era una
“implantación arbitraria e inconsulta” de esta sucursal en el centro de la
ciudad.
Acusaban que el megaemprendimiento proyectado
iba a perjudicar enormemente a la economía regional en su conjunto, con la
destrucción de comercios de todos los rubros y la pérdida de cientos de fuentes
de trabajo. A la par hubo acusaciones cruzadas y hasta una denuncia judicial
hacia un funcionario del gobierno municipal.
Euclides Bugliotti desistió de instalarse en
San Francisco
En junio de 2017, las motoniveladoras
contratadas por el Grupo Dinosaurio comenzaron a preparar el terreno para
instalar un Súper Mami en el cruce de las rutas 19 y 158. Se proyectaba un
supermercado de grandes dimensiones, tiendas de ropa y electrodomésticos, patio
de comidas, salas de cine, sector de juegos infantiles y galería comercial. El
plazo de ejecución sería un año y la inversión proyectada rondaba los US$10
millones.
Sin embargo, la “incertidumbre financiera” y la
puesta en marcha de similares proyectos en otras locales frenaron los trabajos.
Fue el mismo Bugliotti quien años más tarde,
consultado sobre este emprendimiento en particular, habló de la falta de acceso
a créditos con tasas accesibles para poder hacerle frente a grandes
inversiones.