El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora de julio muestra que
la gestión presidencial tocó su nivel más bajo desde hace más de un año y la
imagen negativa del Presidente trepó al 58,5%. Pero el desgaste no encuentra
destinatario: la principal figura opositora arrastra un rechazo casi idéntico,
ninguna figura del propio oficialismo ofrece recambio y la proyección hacia
2027 se dibuja, por ahora, sin ganadores claros.
La aprobación de la gestión de Javier Milei cerró julio en el 31,4%,
su registro más bajo desde septiembre de 2025 y a más de 13 puntos del 45% que
había alcanzado en febrero último, cuando por única vez en el año empató con la
desaprobación. Desde ese pico la curva se invirtió sin pausa: el rechazo a la
gestión volvió a expandirse hasta el 58,8%, de modo que hoy casi seis de cada
diez argentinos desaprueban lo que hace el Gobierno nacional. La distancia
entre aprobación y desaprobación —más de 27 puntos— es de las más amplias del
año y describe a un oficialismo que perdió la iniciativa sobre el humor social.
“El dato no es un traspié aislado sino la
consolidación de una tendencia que ya lleva cinco meses. La ventana de febrero,
cuando la gestión pareció encontrar un punto de equilibrio, quedó atrás: marzo
abrió un ciclo descendente que no tuvo recuperación. La secuencia es elocuente
por su regularidad. La aprobación pasó del 45% en febrero al 38,5% en marzo, y
de allí a los registros del 33,1% y del 32,2% de los meses siguientes, hasta el
actual 31,4. Para una administración que construyó su legitimidad sobre la
promesa de un ordenamiento económico, la erosión sostenida del respaldo a la
gestión es el síntoma más elocuente de que el consenso inicial se está agotando”,
destaca el informe.
Desgaste que se sostiene
Conviene subrayar lo que estos números
significan en clave política. No se trata de una desaprobación coyuntural
asociada exclusivamente a una medida puntual, sino de un desgaste que se
sostiene en el tiempo y convive con un rechazo presidencial consolidado. En
julio, Milei alcanzó un 58,5% de imagen negativa, mientras su imagen positiva
cayó al 30,9%, profundizando una tendencia de deterioro que se observa desde
comienzos de año.
En este escenario, la dimensión económica
aparece como uno de los principales factores explicativos del malestar social.
El 61,8% evalúa negativamente la situación económica del país, el 42,8% hace lo
propio con su situación personal, el 61,9% tomó algún tipo de deuda en los
últimos seis meses y el 66% agota sus ingresos antes o hasta el día 20 del mes.
“La pérdida de poder adquisitivo y el
endeudamiento para sostener gastos básicos configuran una experiencia cotidiana
de restricción que trasciende la percepción individual y se transforma en un
diagnóstico colectivo. Este descontento económico, más que los episodios
políticos puntuales, parece estar consolidándose como uno de los principales
canales a través de los cuales el malestar social termina trasladándose al
gobierno de Javier Milei”, aclara Zentrix.
Sin herederos
Si el oficialismo se desgasta, la hipótesis más
intuitiva sería que la oposición recoge ese descontento. Los datos de julio la
desmienten con claridad: el rechazo a Milei no se transfiere a ninguna figura
alternativa. El desencanto es transversal y alcanza a todo el arco dirigencial,
sin excepción. Ninguno de los dirigentes medidos —ni de la oposición ni del
propio oficialismo— logra perforar el umbral del 50% de rechazo, lo que
configura un escenario de desconfianza generalizada antes que de recambio.
Axel
Kicillof, la principal referencia opositora medida,
registró un 51,5% de imagen negativa contra un 35,4% de positiva.
Patricia
Bullrich, desde el oficialismo, tampoco ofrece una
imagen capaz de descomprimir el desgaste presidencial: acumula un 50% de imagen
negativa frente a un 36,6% de positiva. Su rasgo distintivo es la estabilidad.
A diferencia del resto de las figuras medidas, su valoración se mantiene pareja
en torno al 35-38% en los tres tramos etarios, sin gradiente por edad, lo que
sugiere una dirigente ya plenamente conocida y catalogada por el electorado,
con escaso margen de sorpresa en cualquier dirección.
Myriam
Bregman constituye la única excepción del tablero: es
la única dirigente con diferencial de imagen positivo, con un 43,1% de positiva
frente a un 40% de negativa. Su fortaleza tiene un epicentro claro en el género
—entre mujeres alcanza el 53% de imagen positiva, el registro más alto de
cualquier dirigente en cualquier segmento de todo el informe— y se distribuye
de forma pareja por edad, con un leve pico incluso entre los mayores de 60, lo
que desmiente la idea de que su valoración sea un fenómeno exclusivamente
juvenil.