Por Franco
Cervera
Aclaro: no tengo allegados de ningún tipo que se dediquen a la
enfermería, pero pude apreciar la vitalidad de esa labor por un infortunio
familiar.
Era un sábado a la madrugada, estaba cuidando en una clínica local a una
persona bien cercana que se encontraba internada. Mi tarea allí se debía a la
fidelidad hacia ese ser querido. Pero la desesperante (y estresante) situación
no evitó que apreciara la vocación de las enfermeras y enfermeros.
Imaginate. Fin de semana a la madrugada, trabajando casi sin descanso,
atendiendo, asistiendo, curando, bañando y hasta cambiando pañales de hombres y
mujeres que sufren un problema de salud y no pueden valerse por sí mismos.
La escena era bravísima y me tocó vivirla, y asombrarme con la
practicidad y naturalidad que hacen su labor. Con mejor o menor humor, como en
todo trabajo. Estaban brindando un servicio que muy pocos se animarían a
brindar, un fin de semana, en horas de la madrugada, que suelen ser momentos
ideales para el ocio y el descanso.
Lo peor de todo es que como en tantas otras profesiones, reconocen, sus
sueldos son muy bajos: “Un enfermero no debería tener un segundo empleo,
debería tener un buen sueldo”, me dice Rosana
Romero, reconocida en la enfermería por sus 20 años de trayectoria.
Los turnos son de 8 horas, rotativos y existe un fin de semana libre al
mes. Su salario apenas alcanza el millón de pesos. Ni quiero saber lo que puede
ganar una profesional o un profesional que recién se inicia.
“Por eso el personal de salud la mayoría tiene dos trabajos. Yo abono
500 mil pesos de alquiler. Por eso me veo obligada a trabajar horas extras y
hacer domicilios”, me confiesa en una charla.
Cuenta que siempre trabajó doble turno, que hoy sufre una enfermedad y que
ya no hace 16 horas. Aunque sí labura de domingo a domingo.
La pandemia posicionó a los enfermeros y enfermeras, en ese momento, como
referentes de la primera línea sanitaria. Se los visibilizó pero nunca se los
reconoció con un salario digno a la altura de su servicio. Esa época
afortunadamente para todos pasó, pero lamentablemente se llevó los aplausos y
el reconocimiento.