Por
Bruno Galarza, profesor de Historia
Comencemos
partiendo de la base que todos sabemos a quienes benefician los empresarios.
Nuestro
deber es decidir entre un proyecto de país donde los empresarios posean el
poder absoluto del gobierno o dirigentes que realmente pretendan enfrentar a
los grupos concentrados de la economía para una justa distribución del dinero entre
quienes menos tienen.
Nos
encontramos con un Gobierno Nacional que representa y beneficia a empresarios y
por el otro lado perjudica a la clase trabajadora. Como toda relación de jefe y
empleado, hablando en criollo.
Hablemos
de Revolución como cambio verdadero en cuanto a cambios de paradigmas
socioeconómicos, no como una guerra civil armada.
Las
revoluciones son creadas por las condiciones opresivas que los gobiernos
ejercen sobre el pueblo y ahí viene la rebelión. El sistema imperialista y sus
aliados internos son los que crean las revoluciones.
Y
acá es donde debemos detenernos para realizar un análisis político correcto de
la situación actual. Sin pragmatismos ni conveniencias individuales. Pensando
siempre en la mayoría.
Crear
nuevos dispositivos de acción política es la tarea. Comprendiendo que ambos actores
del escenario político actual están llegando al fin de su era. Uno va camino hacia
el fracaso nuevamente, representado por el empresariado y el poder judicial. El
otro, con dirigentes preocupados en ocupar un lugar en la lista de cargos
públicos para lograr cuotas de poder o fueros en lugar de trasformar la
sociedad. Pensando en que la única forma de hacer política es ocupando cargos
políticos. Sin darse cuenta que su tiempo se acabó. Lo que destruye puertas
adentro al movimiento nacional y popular.
Es
por eso que necesitamos formar verdaderos cuadros políticos que enfrenten y
encabecen un verdadero plan de lucha hacia los grupos concentrados de la
economía para una mejor distribución de los ingresos hacia el pueblo argentino
y no de la presencia de nuevos dirigentes, con prácticas de la vieja política.