La
empresa láctea SanCor profundiza su crisis corporativa y financiera. En las
últimas horas, lanzó unos 300 telegramas de despido como parte de un programa
de reducción de planta entre 1.350 trabajadores.
Las
desvinculaciones se produjeron en puestos de las plantas en Córdoba y Santa Fe.
En concreto, se trata de las instalaciones santafesinas de Gálvez y Sunchales, y
las cordobesas La Carlota y Balnearia, donde cientos de trabajadores fueron
notificados en el marco de un plan de “reestructuración”.
La
maniobra de la directiva habría generado más tensión a las relaciones con el
sindicato de Atilra, que paralizó las operaciones durante meses en 2024 por
irregularidades en la empresa. Precisamente, el proceso de protesta de años
anteriores fue un factor decisivo para que Sancor ingrese en una etapa de
degradación, con suspensión de turnos y una caída histórica de la
productividad.
Actualmente,
la láctea funciona al mínimo de sus capacidades con apenas algunos turnos
semanales y procesando pocos litros diarios si se tiene en cuenta épocas de
auge en el pasado. Además, acumula una deuda total de 400 millones de dólares a
partir de un proceso de transformación fallida iniciado hace una década, cuando
la empresa contaba con 5.100 empleados.
Se buscan inversores
Según
la perspectiva corporativa, la empresa podría resurgir sólo a partir de la
aparición de un inversionista dispuesto a inyectar capitales. Algo que parece
lejos de suceder teniendo en cuenta la estructura cooperativa de la empresa y
la relación con el sindicato de Atilra, casi siempre dispuesto a desatar el
conflicto.
El
último acuerdo paritario destrabado por ese sindicato llevó a Sancor a una
complicación aún mayor a nivel financiero.
Actualmente,
la empresa mantiene deudas laborales retroactivas a septiembre de 2024 y el
panorama se presenta cada vez más oscuro para una de las lácteas que supo
dominar el mercado argentino.