Nicolás Albera
Para
muchas familias de San Francisco el cartón es su sustento diario, la
posibilidad de llevar un plato de comida a su mesa. Sin embargo, hoy muchos de
los recicladores urbanos sufren doblemente los embates de la crisis económica
que vive el país.
Primero
porque la caída del consumo en general implica que haya menos material para
recolectar. Dicen los conocedores del rubro que el cartón es el primer
indicador de cómo va la economía: si el material se encuentra fácil en las
calles es porque la actividad marcha. En cambio, si escasea, el escenario es
complicado como el actual.
Segundo
porque se dio en este 2024 una apertura de las importaciones de cartón,
principalmente desde Brasil. Entonces, aprovechando una posición monopólica,
las empresas Smurfit Kappa y Cartocor (Arcor) regulan el precio interno de la
materia prima, el que viene bajando drásticamente.
Pero
existe un bonus track: a todo este combo lo acompaña el crecimiento en el
número de recicladores: algunos porque se quedaron sin trabajo y apelan a la
recolección para juntar unos pesos y sobrevivir; otros lo utilizan como una
changa extra a su trabajo en un escenario de salarios bajos.
La
postal se observa a diario en nuestras calles, solo hay que levantar la vista
para verlo.
Caída del valor de venta
En
diciembre del 2023, en San Francisco el kilo de cartón para reciclar se pagaba
40 pesos, luego de un año donde el precio estuvo prácticamente planchado. Ya para
abril de este año, pegó un importante salto pasando a los 100 pesos, sin embargo,
ante las situaciones arribas descriptas empezó a bajar.
Actualmente,
la Cooperativa La Virgencita paga por el kilo recibido 80 pesos, aunque este
monto volvería a caer en breve. En otras entidades similares ya pagan 60 pesos.
Desde
la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores, señalaron que
la caída del precio de este material vital para la industria argentina tiene
varios factores, siendo el principal la apertura de las importaciones de
cartón, principalmente desde Brasil.
Lo
que ocurrió con el gobierno de Javier
Milei también pasó con el de Alberto
Fernández, pero en ese momento se le pidió a lo que era el Ministerio de
Desarrollo Productivo que den marcha atrás.

“La
situación se puso más complicada. Hay menos cartón en la calle, hay que caminar
más”, grafica Sergio, un recolector de San Francisco, reconociendo que debió
alargar su recorrido para tratar de juntar la misma cantidad de material que hace
unos meses atrás.
La
importación de pasta de madera, cartón y papel en el primer cuatrimestre de
este año fue de 290 millones de dólares, según el Informe de Intercambio Comercial Argentino
de AFIP, publicó el sitio La Tinta. Esta práctica es realizada por las empresas
del rubro para arbitrar entre el precio internacional y local, aprovechando su
posición dominante en el mercado y la falta de regulación.
La Virgencita puso un límite
de compra
En
la Cooperativa La Virgencita, que funciona en barrio Parque, trabajan alrededor
de cien recolectores que día a día recorren cuadras y cuadras de la ciudad buscando
cartón y a quienes afecta este escenario.
El
presidente de la cooperativa Emilio Amé,
reconoció a Up que la situación cambió con la crisis y que analizan volver a
bajar el precio porque hoy se complica vender el material.
“Hoy
el precio está en baja. Nosotros estamos pagando 80 pesos y donde vendemos nos
ofrecen 90. Entonces cómo sostenés a la gente que trabaja en la cooperativa, cómo
pagás la luz y mantenés las máquinas que utilizás. Pero lamentablemente bajando
el precio castigás al eslabón más débil de la cadena que es el reciclador
urbano, a ese que ayudás para que tenga posibilidades de una mejor vida”,
explicó.
Amé
reconoció que desde el mes de agosto debieron poner un límite a la compra de
cartón en la cooperativa, que es 2500 kilos diarios. Quien pase frente del
galpón verá por el portón que el cartón desborda: “Hay una cuestión de
capacidad financiera, hay que tener espalda y plata para comprar y no vender. Y
si vendés más barato te perjudicás”, señaló.
Para
el titular de la cooperativa no es la mejor forma la de establecer un límite, pero
entiende que es una estrategia para “aguantar el momento” hasta que la rueda
comience a girar nuevamente: “El fin nuestro es que el cartonero se lleve la
mayor cantidad de dinero, pero la cooperativa tiene que subsistir también para
que eso pueda pasar”.

Además
de La Virgencita hay entre tres y cuatros espacios más que compran cartón.
Consultado
sobre si el mayor problema es que la apertura de la importación del cartón, Amé
señaló: “Estas dos empresas importaron mucho y saturaron el mercado del
reciclado. Pero además a nosotros nos juega en contra no poder vender afuera
porque el flete es muy caro. Lo del norte del país sale para Brasil, desde el
centro de Buenos Aires abastecen a las papeleras de acá, entonces nosotros
mucha posibilidad de salir afuera no tenemos porque estamos lejos”.
Proyectos frenados y las
botellas como complemento
Amé
resaltó que lo generado con la venta del cartón va a la cooperativa para la
recompra del material, el pago de los servicios, mantenimiento y sueldos de
quienes allí trabajan: “Nuestro sistema de trabajo es por cantidad de kilos,
todos llevan según la cantidad que se movió en el día, pero el que más se lleva
el cartonero”.
También
reconoció que esta situación frena proyectos que tenían en carpeta como la
compra de un vehículo para recorrer los Puntos Verdes municipales y el Parque
Industrial, como otras puertas de ingreso de material.
Asimismo,
este año innovaron con la recolección de plásticos, particularmente con las
botellas de bebidas y están a punto de sacar el primer camión con el material
vendido.
Desde
la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores aseguran que el
reconocimiento estatal al trabajo de los recicladores genera un ingreso estable
y mejora en las condiciones de su trabajo en contextos de crisis. Sin embargo,
aclaran que excepto ciudades como CABA o en la provincia Córdoba, que tienen programas
para los recuperadores urbanos, en la mayoría del resto del país esto no
ocurre.