“Si
vos estás en cana y nadie te mantiene, cómo hacés? Yo tengo una banda de gente
presa, tengo que ayudar a mi mamá, a mi hermana, yo no le pido nada a nadie, yo
no puedo retroceder, yo tengo que ir siempre para adelante porque sino todo el
territorio que gané lo pierdo (…)”.
La frase surge de una conversación que Evelio “Yiyo” Ramallo mantenía tiempo
atrás, detenido en una cárcel, con una expareja. Surge de una de las tantas
escuchas telefónicas –entre otras pruebas- que sirvieron para desentramar el
negocio que este lideraba en relación a la venta de drogas en gran parte de la
región aledaña a San Francisco.
A Ramallo se lo sindica como “organizador y
financista” de una organización delictiva dedicada primordialmente al tráfico
ilícito de cocaína y marihuana en sus diferentes etapas, desde su obtención y
transporte desde la provincia de Misiones, su almacenamiento, acondicionamiento
y distribución desde la ciudad santafesina de Rafaela, hasta su
comercialización al menudeo en diferentes puntos de venta asentados en esa
localidad, como así también en las cordobesas Morteros y Brinkmann, y también
en la vecina Frontera.
Hace unos días, la fiscal federal de San
Francisco, María Marta Schianni
solicitó que esta causa que investigó sea elevada a juicio. Además de “Yiyo”
hay más de 25 personas procesadas, entre ellas Eunice Febe Trossero, expareja y mano derecha del principal acusado
en el negocio, aprehendida en la Unidad n° 5 de Rosario.
La droga viajaba desde Paraguay
Según la causa, Ramallo estuvo al frente de una
“empresa criminal” que operó con permanencia en el tiempo y una marcada
división de roles, al menos, desde el mes de octubre de 2021 hasta el 22 de
marzo de 2024, valiéndose de los medios para lograr su cometido.
La pesquisa logró determinar que la droga era
obtenida en Paraguay e ingresada al país hacia la provincia de Misiones, para
luego ser transportada hasta Rafaela, previo paso por la ciudad de Santa Fe.
En Rafaela era almacenada en diferentes
domicilios a disposición de los imputados y distribuida, o retirada desde allí,
sucesivamente, por los encargados de los puntos de distribución y responsables
de los “kioscos” de venta, asentados tanto en la localidad santafesina como en
Frontera, a las que se sumaban Morteros y Brinkmann.
“Yiyo” Ramallo, el operador desde las cárceles
La investigación logró determinar también que
Ramallo organizó y financió las actividades de tráfico reseñadas desde su lugar
de detención, que fueron cuatro a lo largo de este tiempo.
Primero en la Unidad n° 7 del Servicio
Penitenciario Federal (Resistencia, en Chaco), luego en el Complejo
Penitenciario Federal n° 2 (Marcos Paz, en prov. de Buenos Aires), en el
Instituto de Seguridad y Resocialización Unidad n° 6 (Rawson, en Chubut) y,
finalmente, en la Unidad Residencial n° 6 del Complejo Penitenciario Federal n°
1 (Ezeiza, prov. de Buenos Aires), dependencias en las que se encontraba
cumpliendo condena por graves delitos.
Según refiere el requerimiento de elevación a
juicio, para llevar adelante la actividad “Yiyo” se valió de comunicaciones
telefónicas mantenidas por medio de celulares ingresados irregularmente a las
diferentes cárceles en infracción a la normativa penitenciaria, sorteando los
controles de rigor, como así también mediante el contacto mantenido con las
personas que lo visitaban y que también forman parte de la estructura ilícita
develada.
“Así, Ramallo impartió las directivas que eran
cumplidas extra muros por los demás imputados y brindó los medios necesarios
-económicos y de otra índole- para que se materializaran las actividades de
comercialización referidas, como así también para la administración del dinero
producido en consecuencia y mantener vigente la estructura montada”, se destaca
en el texto al que accedió Up.
Violencia e intimidación para mantener el
control
La investigación se valió de la colaboración del
Ministerio Público Fiscal (MPF) de Córdoba y por las del Ministerio Público de
la Acusación (MPA) de Santa Fe, se acreditó que, en orden a asegurar las
actividades de tráfico ilícito de drogas, Ramallo llevó a cabo diferentes actos
de violencia e intimidación para mantener el control del negocio criminal
En el caso de su mano derecha, Eunice Trossero,
llevó a cabo un rol preponderante en el aspecto logístico, abocándose a
impartir las órdenes para concretar la distribución de la droga y la
recaudación del dinero obtenido por la venta en Morteros.
Los demás integrantes de la banda se encargan de
distribuir la droga, guardarla y venderla a modo delivery, entre otras cosas.
La investigación explica luego que Ramallo montó
desde las mismas cárceles un ejército que “se valió de hechos de homicidio,
balaceras y maniobras de narcotráfico”, y que contaría con la intervención de actores
provenientes de la ciudad de Rosario, presuntamente ligados a estructuras
criminales asentadas en ese ejido territorial, como la públicamente conocida
banda de “Los Monos”.
En relación a crímenes, “Yiyo” fue condenado
por un homicidio ocurrido el 13 de febrero de 2022 en Monteros, cuya víctima
fue José Luis Cáceres. A las
condenas que ya tenía sobre sus espaldas, se le sumó una más de 20 años de
prisión, por considerárselo autor intelectual del delito.