Nicolás Albera
Se
puede decir que Oreste Gaido (59) fue
un fiscal sin rango. Por dos décadas actuó como mano derecha de Bernardo Alberione y hasta hace unos
días acompañó a Silvana Quaglia,
quien quedó finalmente al frente de la atareada fiscalía de Delitos Complejos
de San Francisco.
Su
ida de esta área cierra una historia. Alberione (ya jubilado) y Gaido funcionaron
como uno y tuvieron participación decisiva en la resolución de innumerables
casos, muchos de ellos que llegaron a conmocionar a la ciudad y el país: Natalia Vercesi y Alejandro Bertotti;
“Marita” Lanzetti y Mauro Bongiovanni; Daniel Casermeiro, entre otros
nombres y apellidos, los tuvieron en vela más de una madrugada. A estos femicidios
y homicidios hay que sumarles los abusos sexuales, recurrentes en nuestra
región.
Hoy
el lugar de Gaido sigue estando dentro del edificio de Tribunales, aunque ya no
en Delitos Complejos ante los últimos nombramientos, sino al lado del flamante
fiscal del tercer turno, Emilio Drazile.
Así deja atrás una de las fiscalías
más calientes.
De profesión, abogado
Gaido
no viene de una familia de abogados que haya funcionado como carnada para
encontrar una profesión al terminar el colegio secundario. Pese a ello decidió
estudiar Derecho porque –reconoce- le gustaban las Ciencias Sociales. Mientras
cursaba el tercer año de la carrera ingresó al Poder Judicial de la ciudad de
Córdoba, en el fuero laboral, y luego de unos años –ya recibido- pidió el
traslado a San Francisco.
En
1995 le ofrecieron un cargo de funcionario para una fiscalía y aunque primero
se negó, terminó luego aceptando: “Había dos fiscalías en ese momento, una de
ellas la del doctor (Víctor) Pezzano, de quien aprendí muchísimo. Estuve un par
de años ahí y pasé a lo que era el Juzgado de Instrucción que realizaba la
investigación de los hechos delictivos en esa época, hasta que llegó la
supresión de este juzgado. Luego se crearon las fiscalías de tercer y cuarto
turno”, recordó Gaido en diálogo con Up.
En 1999, comenzó a trabajar con Alberione, con quien forjó una gran relación.
- ¿Cómo fue la experiencia de
intervenir en casos fuertes como homicidios, femicidios y abusos sexuales? ¿Uno
llega realmente preparado a una fiscalía de este tipo o se va haciendo en el
andar?
-
En mi caso siempre tuve buenos equipos de gente, no se puede trabajar solo, se
trabaja mucho en contacto con la policía y otros auxiliares. A esta altura
creía haberlo visto todo, pero no es así. Cuando acontece el hecho, nuestra tarea
es reconstruir históricamente y tratar de encontrar la verdad real. Allí comienza
un trabajo que requiere de mucha paciencia y donde hay una adrenalina
importante. En ese trajín existe un tránsito duro que atravesar. Uno debe tener
en cuenta los derechos de las personas, se trabaja con un código que marca
pautas procesales que no se pueden obviar. La persona acusada tiene sus
derechos y hay que respetarlos. No es grato para nosotros intervenir porque implica
que en el medio algo falló; nosotros trabajamos con hechos consumados y la
prevención es una tarea policial que a mi entender se hace bien en San
Francisco y nuestra zona.
- ¿De acuerdo a su
experiencia existe algún delito que describa a San Francisco?
-
En San Francisco es muy difícil o era difícil encontrar hechos contra la
propiedad con armas o ingreso de delincuentes con gente en el interior. Hasta
hace poco era bastante raro que sucedan de ese modo, ya que el modus operandi
más usado era el ingreso a casas donde en ese momento no estaban sus dueños. Sí
estamos en una zona con muchos abusos sexuales; últimamente gracias a la ayudad
de la Ley de Educación Sexual Integral, del trabajo médico y docente, hay más
denuncias. Pero son hechos difíciles de investigar, por lo general se denuncian
tiempo después de haber sucedido. En la investigación se debe volver hacia
atrás, trabajar con menores, entonces reconstruir es complejo y se necesita
ayuda de equipos interdisciplinarios para buscar indicadores. Se tratan de hechos
que se dan en la intimidad y no hay testigos presenciales en la mayoría de
estas causas.
- ¿Cuáles fueron los casos
que más lo marcaron?
-
Recuerdo muchos, inclusive algunos que no fueron muy mediáticos como lo serían
hoy. Una vez hallamos una persona tirada en un camino rural, una noche de mucho
frío. Pensamos que había sido atropellada por un vehículo y que la abandonaron,
pero con la autopsia cuando vimos el cráneo encontramos un proyectil y terminó siendo
una causa de homicidio calificado por precio y promesa remuneratoria. Fue una
investigación muy difícil en el año 2003, fue de unas de las primeras que me
marcaron. Cuando no sabés qué pasó te invade la ansiedad y comenzás a buscar
por todos lados elementos para esclarecerlo.
- ¿Y de los más actuales en
el tiempo?
-
El crimen de Natalia Vercesi en 2009, que fue muy mediático. Recuerdo que
llegábamos muy temprano con el fiscal y había prensa de todo el país, nos
reuníamos entre los dos de madrugada, vivíamos cerca y nos juntábamos para
entrevistar a muchos testigos, trabajábamos sábado, domingo, sin horarios. Había
pasado un tiempo después del caso (Nora) Dalmasso en Río Cuarto, entonces había
una celeridad por esclarecerlo. Fue una causa brava. Después estuvo el caso de
Marita Lanzetti, el del médico Casermeiro que nos marcó mucho por la fecha (en
diciembre de 2019, cerca de las fiestas). En este caso había una desaparición,
lo que genera un grado de ansiedad importante. A los pocos días encontramos el
auto, pensábamos en que estaba la víctima allí y no lo estaba, entonces
teníamos el auto pero no a la persona, ni al cuerpo que es muy importante
porque una autopsia siempre habla, es clave para la acusación. Entonces fue una
investigación compleja pero pudimos llegar a una acusación y luego a una
condena.
- Cuando surgen casos de
este tipo suele ser grande la presión de la comunidad para que se resuelvan
pronto. ¿Eso lo sienten?
-
Puede ser, por conocimiento de las familias. Suelen haber cuestionamientos,
casos puntuales como el de Natalia Vercesi donde hubo participación de muchos
abogados en la defensa de Alejandro Bertotti… Pero hicimos un buen trabajo,
hubo condena y creemos no haber cometido errores que permitan que el acusado
haya sacado alguna ventaja. Y, bueno, los tiempos de la Justicia no son los de
la gente. En nuestro caso hay que cuidar los tiempos procesales. La Policía
también trabaja a una velocidad que hay que seguirlos, nosotros los
comisionamos a que vayan a distintos lugares y nuestro procedimiento es
escrito. Siempre digo que el expediente es cuento y no podemos acusar a una
persona sin decirle por qué se lo acusa, hay que darle las razones, escribir,
sumar indicios para llegar a una conclusión.
- No es que la Justicia sea
lenta sino que los procedimiento son largos.
-
Evidentemente los tiempos pueden ir más rápidos o no, la prueba la podés tener
al alcance de la mano pero muchas veces cuesta encontrarlas. Afortunadamente
ayudan mucho las cámaras de seguridad, el centro de monitoreo. Pero lleva todo
su tiempo. Hay accidentes donde vienen las cámaras en crudo y son de una o dos
horas, entonces hay mucho de observación. A favor tenemos a la Policía Científica
que da una mano grande.
Cómo afectan las investigaciones
a quienes investigan
- ¿Afectan los casos
investigados cuando se vuelve a casa?
-
Uno es una persona normal, con familia, hijos, pero de nuestro lado no podemos
perder la objetividad. Evidentemente generan un estrés adicional, replanteos,
pero es nuestra función y tenemos que prestar un servicio. Yo al imputado le
digo que no somos un enemigo sino que estamos porque debe actuar la Justicia y
si cometieron un error deben someterse a un proceso con los avatares que eso genera.
Hay cuestiones que otros no la ven pero que las pasamos, y obvio que viene
atado a lo que uno eligió. Más allá de los conocimientos jurídicos y técnicos
hay que estar preparados para cuando suena el teléfono a la hora que sea, el
momento que sea y en el lugar que sea porque sabés que va a haber un problema y
hay que movilizarse para dar una respuesta. Eso genera un estado de estrés. Lo
que tuvimos siempre es predisposición y pasión por lo que hacemos, yo aún la
tengo. Claro que trae consecuencias colaterales, no hay dudas.
- ¿Cómo cuáles?
-
Tenemos familia, pareja, hijos, en algún aspecto de la vida privada el haber
presenciado tantas cosas te sugestiona. Cuando la Policía te comunica el hecho
te dice que pasó tal cosa, hay una persona fallecida pero uno no sabe la
identidad. Entonces no sabés con qué te vas a encontrar al llegar: un amigo, un
familiar, un conocido, estamos en una ciudad donde decimos que nos conocemos
todos.
- Siempre estuviste al lado
del fiscal: ¿te hubiese gustado serlo?
-
Soy una persona que en mi concepto me gusta estar en un lugar donde me siento
útil y pueda prestar el servicio de justicia. Creo que con Bernardo (Alberione)
prácticamente éramos uno, no había esa diferencia, claro que era el fiscal y
por eso la mayor responsabilidad recaía sobre él. Pero trabajamos siempre
juntos y de manera criteriosa, nunca hemos tenido disensos importantes. Nosotros
tenemos en nuestras manos la libertad de las personas, por lo cual a veces hay discusiones
o intercambio de criterios al momento de firmar una detención. En eso sí
tratamos de ser lo más criteriosos posibles y si lo hacíamos eran con pruebas
contundentes, respetando el principio de inocencia y los derechos.
- Se puede decir que fuiste
un fiscal sin rango de fiscal.
-
Sí, en eso hay en parte mía un acto de cobardía, de no haberme nunca presentado
a un concurso. En principio era porque no estaba muy de acuerdo con la forma de
la toma de examen, pero nunca me desveló. Quiero quedarme en un lugar donde sea
útil. Ahora llegó un nuevo fiscal (Emilio Drazile) con quien debo trabajar y ofrezco
mi experiencia, la responsabilidad y la lealtad. No es un trabajo de uno, sino
que hay todo un equipo que se forma, que responde y que son un sostén al
momento de dilucidar un caso.