Agustín Almada Busso (30), como buen argentino, se puso manos a la obra.
Desde hace unos días lleva adelante tareas humanitarias en los alrededores de Valencia,
España, donde Dana arrasó dejando más de 200 víctimas fatales y más de 80 desaparecidos.
El joven de San Francisco lleva cinco años viviendo en España, donde se
desempeña en un club de rugby y como la mayoría de los que emigraron se las
rebusca con diferentes trabajos. Pero hoy su misión es mucho más grande. En
medio de tanto dolor y desesperación, participa de un grupo de ayuda para las miles
de familias que están afectadas por el temporal que dejó daños incalculables.
“Los pueblos de la periferia de Valencia fueron prácticamente devastados.
Nunca vi una catástrofe natural así, y dudo que haya habido de esta magnitud en
los últimos años”, expresa a Up, Agustín, quien actualmente vive en la zona
céntrica de Valencia donde la situación es una realidad paralela porque no tuvo
secuela alguna tras la Dana, salvo ráfagas intensas y prolongadas de viento que
habrían tumbado algunos árboles o ramas.
“Las fotos son impactantes, pero atravesar los pueblos con el deterioro, pérdidas
materiales, pilas de vehículos arrastrados por la riada y caras de desolación
generan hasta un malestar y un nudo en la garganta”, cuenta el profesor de
educación física, y agrega: “Escuché de muchas personas la frase: ´una bomba o
una guerra no deja el daño de quejó Dana´”.
Tanto él como otras personas colaboran en la periferia de Valencia para
ayudar a las familias afectadas. “Estoy ayudando desde donde se puede. Se formó
un lindo grupo de trabajo con mis compañeros del Club de Rugby Valencia y gente
que cada uno incorpora desde sus círculos. Nos ponemos de acuerdo en ir a
puntos previamente marcados para ahorrar pérdidas de tiempo y consiste en sacar
muebles, bienes dañados, palear el barro y sacar agua de las casas y locales”.
A la vez indicó que tiene la posibilidad de ayudar porque en este momento
no tiene obligaciones laborales y las actividades deportivas se suspendieron por
causas lógicas. “Se generó en el grupo una sensación de urgencia y empatía en
salir a ayudar a los damnificados que en un primer momento se vieron aterrados
y abandonados”, sostuvo Agustín Almada Busso.
El inició del terror
El pasado 29 de
octubre, en unas pocas horas cayó en algunas zonas el equivalente a un año de
lluvia, lo que provocó grandes riadas que arrasaron localidades enteras,
dejando atrapadas a miles de personas. En algunos lugares se registraron más de
500 litros por metro cuadrado.
Las
precipitaciones, que llegaron acompañadas de fuertes vientos y tornados, fueron
provocadas por un fenómeno meteorológico conocido como Depresión Aislada en
Niveles Altos (DANA) que ha afectado a una amplia zona del sur y el este del
territorio español.

¿Qué es Dana?
El término DANA
empezó a ser usado por meteorólogos españoles hace unas décadas para
diferenciarlo del de “gota fría”, más genérico y que suele utilizarse para
hacer referencia a cualquier situación de lluvia intensa y abundante, sobre
todo cuando ocurre en la costa mediterránea de la Península Ibérica durante el
otoño.
La DANA es un
fenómeno en el que una masa de aire polar muy frío queda aislada y empieza a
circular a altitudes muy elevadas (entre 5.000 y 9.000 metros), lejos de la
influencia de la circulación de la atmósfera.
Luego, al chocar
con el aire más cálido y húmedo que suele haber en el mar Mediterráneo, genera fuertes
tormentas, sobre todo a finales del verano boreal y principios del otoño,
cuando las temperaturas marítimas son más elevadas.
“Crea un entorno
intensamente inestable, y ahí es donde el aire se eleva. Muy rápidamente
permite que las nubes de tormenta realmente vuelen, ayudadas e instigadas por
los vientos que golpean terrenos más altos y también se elevan. Y cuanto más
altas son las nubes de tormenta, más humedad hay en ellas”, explicó el
meteorólogo de la BBC Matt Taylor.