Nicolás Albera
Cuando Patricia
Bullrich era precandidata a presidenta de la Nación –le ganaría luego la
interna a Horacio Rodríguez Larreta pero sería vencida más tarde en las
generales- en junio de 2023 participó de un acto político en San Francisco
junto a la precandidata a gobernadora de Santa Fe, Carolina Losada y el precandidato a gobernador de Córdoba, Luis Juez, entre otros.
Haciendo gala de lo que había sido su política de
seguridad como ministra en el gobierno de Mauricio
Macri, la hoy funcionaria de Javier
Milei arribó al límite de las provincias de Córdoba y Santa Fe,
representadas por las ciudades de Frontera y San Francisco (donde existe un
monumento) para hacer un spot publicitario que luego subiría a sus redes.
“Con @ljuez y
@carolinalosada, nuestros candidatos a gobernadores de Juntos por el Cambio,
vinimos a San Francisco. Se trata de un punto neurálgico y epicentro del
narcotráfico que sufren en el límite con la ciudad de Frontera, entre Córdoba y
Santa Fe”, posteó en X.
Dicho límite forma un polígono conocido en nuestra región
como “la triple frontera de la droga”, el cual Bullrich utilizó para hacer
campaña política remarcado su compromiso en la lucha contra el narcotráfico y
la inseguridad: “Vamos a volver a poner
en orden esta zona para que no se conozca como el camino de la droga entre
Santa Fe y Córdoba”, afirmaba.
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Ya en marzo de este año, en medio del terror desatado en
Rosario por el crimen organizado y la ejecución de cuatro asesinatos con los
que se desafiaron el poder del Estado y se paralizó esa ciudad, en San
Francisco aparecieron dos denuncias anónimas que advertían que la banda de Los
Monos “ya estaba” en el lugar e iba a matar a todos los policías.
Bullrich, ya como ministra de seguridad nacional, volvió
a hablar de la “triple frontera” y viajó a hasta la ciudad de Córdoba para
visitar las delegaciones de la Policía Federal y la Gendarmería. En ese
contexto, anunció la firma de un convenio bipartito enfocado en la
intensificación de la lucha contra el narcotráfico.
La consecuencia iba a ser la creación de nueva fuerza
conjunta especializada que realizaría controles y operativos en la frontera con
Santa Fe, más permeable a las operaciones del crimen organizado regional.
Sin embargo, Bullrich pecó de política. Anunció más de lo
que iba a poder hacer. Al menos hasta ahora.
Lo de Acapulco,
una gota más sobre el agua derramada
Los dos asesinatos ocurridos en barrio Acapulco el pasado
fin de semana pusieron en escena que la “triple frontera” es tierra de nadie. El
asentamiento de fuerzas de seguridad prometido en esta zona donde confluyen San
Francisco, Frontera y barrio Acapulco (Josefina) no ha sido tal, motivo por el
cual los vecinos se sienten totalmente desprotegidos.
Los crímenes de Milagros
Vázquez (25) -recibió una bala perdida en la zona del cuello mientras se
encontraba junto a sus tres hijos en la noche del último sábado- y de José Ramírez (34) también baleado en la
zona del abdomen, ambos el pasado fin de semana en Acapulco motivaron una
reunión de urgencia desde la Justicia de Rafaela con funcionarios provinciales
y comunales.
Allí, los presentes mostraron especial preocupación por
la escasez de recursos materiales y humanos con que cuenta la Regional V de
Policía, de la que dependen operativamente la Comisaría Sexta de Frontera y la
Subcomisaría Octava, de Josefina. Además de las dificultades operativas por la
falta de personal, se le suman también las limitaciones al ser un sector con distintas
jurisdicciones provinciales.
Quien por allí pase verá que no hay permanencia de
fuerzas de seguridad nacionales, y si lo hay son esporádicas.
“Esta es una tierra de nadie, es triste y lamentable”,
afirman los vecinos que se sienten desamparados. Saben que una bala perdida
puede lastimar y hasta matar, sin dudas, a cualquiera.
La “triple frontera” se desangra, otra vez. Y los
políticos funcionan como tales cada vez que hay campaña: prometen muchas veces lo
que no pueden cumplir con el fin de captar votos.