Nicolás Albera
La
laguna Mar Chiquita sigue acentuando este 2024 su bajante, aunque todavía las
cifras no se acercan a lo que fue la peor bajante que se dio entre los años
1946 y 1957, cuando contaba con 1800 kilómetros cuadrados.
Datos
del Centro de Zoología Aplicada (UNC) indican que la laguna tiene actualmente
219 mil hectáreas, es decir 219 mil kilómetros cuadrados. Es la quinta más
grande del mundo entre las de aguas saladas.
En
febrero de 2023, “la mar” presentaba la baja de 70 centímetros arrastrando unos
cuatro metros y medio desde 2017. Serían casi 400 metros en extensión en la
costa, unas cuatro cuadras de calle. Por eso, buena parte del pueblo que se
inundó en 1977 resurgió desde el fondo del agua.
Las
lluvias del verano pasado provocaron que la laguna Mar Chiquita suba 60
centímetros, pero con la sequía desde abril a esta parte los volvió a bajar.
No
obstante, esta característica sigue colocando a Miramar como un gran atractivo
turístico, un tesoro auténtico en la actualidad, luego del descubrimiento de
sus ruinas.
Historia entre el agua
La
actual bajante es un atractivo para esta la localidad que vive mucho del
turismo. La bajante permitió que surjan desde el agua estructuras históricas
icónicas. Entre ellas la calle Belgrano, donde en su recorrido se encuentran
grandes bloques de cemento de defensa que recuerdan la resiliencia del
habitante que supo sobreponerse al duro golpe de perderlo todo con la
inundación en 1977.
Fue
ese año cuando la laguna avanzó sobre el pueblo sepultando bajo agua a más de
100 hoteles y cientos de casas y comercios. Tras esa catástrofe debió ser casi
refundado varios metros más arriba. Aquella inundación lo borró como sitio
turístico destacado por décadas, algo que en los últimos años pudo recuperar.
Recorriendo
la calle Belgrano aparecen la terminal de ómnibus, la iglesia de la Virgen del
Valle, un tanque de agua con una escalera donde se llenaba el camión regador,
una fuente de agua que era del Centro Termal Municipal y los asientos y mesas
de cemento del Nocheramas, un anfiteatro donde se realizaba un popular evento
previo al inicio de la temporada de verano y al cual concurrían artistas de
renombre.
Mariana Zapata, historiadora y miembro del
museo fotográfico “Dante Marchetti” de la Cooperativa Eléctrica y de Servicios Públicos
de Miramar de Ansenuza, explicó a Up
que la bajante de Miramar sigue siendo un atractivo turístico “fuerte” e hizo
un pedido a las autoridades municipales: señalizar el recorrido sobre las ruinas,
algo que la gente demanda: “Una cosa es ver un escombro y otra es verlo con un
cartel explicativo sobre a qué pertenecía ese escombro”, explicó.
El impacto de la sal de la
laguna
Por
otra parte, información aportada desde el mismo Centro indica que el nivel de
porcentaje de sal hoy se encuentra en 112 gramos por litro de agua, aunque se
trata del resultado de un relevamiento previo a las últimas lluvias. Sí es
superior al de hace un año, que era de 80 gramos por litro.
Este
escenario provoca que los peces mueran por saturación de oxígeno. Cabe destacar
que en los años de mayor volumen de agua, baja la sal y los pejerreyes y otras
especies pueblan la “mar”.
Sin
embargo, la alta salinidad favorece al flamenco, ave típica de esta zona,
porque hay millones de artemias franciscanas (pequeño crustáceo) que es lo que
consumen.
“Esta
gran salinidad viene provocando nubes de sal o plumas de polvo de sal en
suspensión; este año particularmente tuvieron una duración de entre 24 y 48
horas, lo que sin dudas afectó la salud de los habitantes”, señaló Zapata,
también prestadora de turismo alternativo en Miramar.