Por Franco Cervera
El recorte de cobertura de medicamentos en
Pami, sin dudas, es un ajuste más hacia un sector que históricamente fue
golpeado, ninguneado y vapuleado por la clase gobernante en Argentina. Lo
triste es que el argumento –una excusa hartamente escuchada cuando hay cambio
de color político en el gobierno- es que lo números no dan porque los
anteriores vaciaron la caja. No hay dudas, tampoco, que la gestión de Alberto Fernández fue penosa. Pero como
siempre el hilo se corta por lo más delgado.
Quien se expresa es hijo de una jubilada que
cobra la mínima, 290mil pesos (seguirá con cobertura post trámite, según
parece), quien se jubiló en su momento por moratoria. Y eso pese a que trabajó
durante décadas en cinco casas de familias: algunos años en Buenos Aires, otros
en Rosario y muchísimos más en San Francisco.
Como suele pasar en el rubro de las
trabajadoras de casas particulares, en este caso particular también sus
empleadores, de muy buen pasar económico, nunca le aportaron un centavo a su
jubilación y hasta le pagaron mucho menos de lo que debían. Pero había que
llevar el mango a casa, era lo único que importaba.
Inentendible decisión
Que una persona de 70 u 80 años, que cobra 400
mil pesos por mes, no tenga acceso a sus medicamentos esenciales para subsistir
es un crimen. Una locura más en un país donde escasea la cordura de la clase
dirigente.
Hace unos días, Monseñor Ángel Rossi, arzobispo
de Córdoba, declaró en esta línea al desaprobar la medida, calificándola de
“eutanasia encubierta”, en referencia a una expresión utilizada por el papa
Francisco.
En la misma semana, oficialistas y opositores perdieron
más energía en ver a quién les pertenece un legislador investigado por corrupto
como Edgardo Kueider, que en buscar una solución para mejorar la calidad de
vida de los sectores más postergados. Los jubilados, a quienes volvieron a
ajustar, y al 65 por ciento de niños que, según el último informe de la UCA, viven
en situación de pobreza.
A los políticos va una ayuda. No pierdan más el
tiempo. ¿Saben la respuesta? Kueider, que es parte de la casta, pertenece a los
anteriores y también a los actuales.
Los que prefieren
callar
En este escenario también retumba el atroz
silencio de otros dirigentes, tan verborrágicos para la rosca y tan
complacientes con el poder de turno.
Un ex presidente guardado, acusado de violencia
de género (Alberto Fernández); un ex súper ministro de Economía (Sergio Massa) que
espera la caída de los actuales para resurgir desde las sombras, siendo que en
poco tiempo de gestión solo logró generar una inflación récord para este siglo,
y una expresidenta condenada pero que sigue esquivando las rejas. En la otra
vereda aparece Luis Caputo (ministro de Economía), justificando otra espantosa
medida y asegurando que los jubilados le ganaron a la inflación. Una escena
dantesca.
¿En serio como país no tenemos nada mejor que
ofrecer a nuestros adultos mayores? ¿No es prioridad darle una jubilación digna
y medicamentos para que sobrevivan? Evidentemente la respuesta es no.
La clase política, la casta, sigue cuidando su
“quintita”, en la cual está inmersa y lejos de las prioridades de la gente. A
la casta no la tocan. Fin.