En la vida es difícil tener más de una pasión,
pero José Crespo (54) lo logró.
Llegó muy joven a San Francisco de la mano del básquet, siendo un jugador
profesional nacido en Salta, arribó a San Isidro para competir en el básquet
de ascenso, para ser una de las figuras del primer equipo durante varias
temporadas. Así conoció esta ciudad, donde finalmente formaría una familia y
echaría raíces.
Luego de muchos años de vivir por el básquet, encontró otra pasión. Los
caballos. Ese vínculo afectivo empezó de a poco y con mucha humildad, hasta hoy contar
con una escuela de iniciación en el contacto con los equinos.
“Es un espacio recreativo donde enseñamos a los
niños y adultos a manejar el lenguaje con los caballos. Enseñamos para que las
personas sepan cómo se maneja el caballo, tanto de abajo como de arriba. Es
clave aprender cómo el caballo comunica para saber si va hacer algo o tener
alguna reacción”, cuenta José a Up mientras ve que van llegando alumnos para la
clase al predio que logró desplegar en un terreno ubicado en las vías del
ferrocarril, lindante a Av. Urquiza y calle Roma.
En el último tiempo, la escuela también cuenta
con un espacio de equino terapia donde asisten algunos niños.
“Esto es una pasión para mí. Yo no soy gaucho,
solo un apasionado. Empecé con un caballo años atrás, que era chúcaro, es el
que me pateó y que me enseñó, porque ese me hizo ir a capacitarme”, cuenta José
que luego algunos chicos se fueron acercando y querían aprender a montar y ahí
empezó la historia.

“Como siempre hice docencia con el básquet, me
resultó muy fácil trasladar la enseñanza”, reconoció.
Antes de tener su propio espacio de formación
pasó varios cursos de manejo de caballos, capacitaciones en equino terapia, trabajó dos
años en el Andar de Morteros y también se desempeñó tres años en el Jockey Club
con caballos de polo. “Fueron todas muy lindas experiencias, y la idea siempre
es seguir aprendiendo”, destacó.
Un gran jugador
José Crespo fue un destacado jugador de básquet que
inició sus pasos en Salta, su ciudad natal. Al desarrollarse llegó a jugar en otros
equipos como Armstrong, Santa Fe, para luego pasar por conjuntos de Morteros, Sunchales hasta que arribó a San Isidro y años más tarde el El Ceibo
de San Francisco.
Fue un deportista que vivió para esa profesión,
y su carrera lo trajo a estos pagos donde llegó a residir varios años en las mismas instalaciones del club
de calle Corrientes y se transformó en un símbolo de esa entidad durante muchos
años.
Luego de retirarse continuó ligado al deporte
como entrenador de divisiones formativas hasta que un día decidió dejar de lado
esa pasión para darle lugar a su nuevo amor: los caballos.

Un accidente que no lo
frenó
Años atrás sufrió un accidente mientras se
desempeñaba con sus animales. “Se me enredó una soga en el pie, el caballo se
asustó y salió corriendo arrastrándome”, recuerda Crespo, quien con ese
accidente sufrió fracturas en un brazo y desplazamiento de la pelvis.
Eso episodio lo mantuvo parado durante algunos
meses y hasta llegó a pensar en dejar la actividad. Sin embargo, con el aliento
de sus alumnos y su entorno, pudo retomar la escuela y hoy con algunos dolores
continúa firme su espacio.
“En ese momento tuve el apoyo de mucha gente y
en especial la gente de San Isidro, El Matrero y otros más que siempre estuvieron, por lo que estoy muy
agradecido”, destacó.
Además, José cuenta con la colaboración de su
hija, Lucía, una apasionada también en el tema, que hasta tiene sus propios
alumnos los días sábados por la tarde.