Un macabro hecho ocurrió en la madrugada de hoy martes en el
cementerio municipal de San Francisco. Una mujer de la zona fue detenida por
personal de la Policía provincial, cuando supuestamente le cortó los dedos
índices con una tijera a un cadáver que había exhumado poco después de la
medianoche, tras cavar la tumba con una pala.
La mujer, de 36 años, es vecina de la zona, ex empleada de una
empresa tercerizadora de limpieza y una ART. Su perfil comercial revela una
millonaria deuda en rojo con varias firmas de préstamos y tarjetas de crédito.
Así, personal de la Departamental San Justo la trasladó a
una celda, a la espera de las directivas de la fiscalía de turno. El encargado
del cementerio se hizo presente en el lugar. La principal sospecha del caso,
aseguraron fuentes del expediente a Infobae, sería la de una posible “brujería
por encargo”.
“Hay pruebas
recolectadas que apuntan en ese sentido”, asegura una fuente policial cordobesa.
Sin embargo, la imputación podría convertirse en el mayor
problema del caso. Las profanaciones de tumbas y los robos de cadáveres en los
últimos años, delitos especialmente macabros, y una rareza en el sistema
judicial argentino, presentan un problema de encuadre desde el Código Penal.
“Nuestro Código Penal hace alusión a la sustracción de
cuerpos pero sólo si es extorsiva, es decir, si se pide dinero a cambio”,
explicaba una fuente judicial años atrás Infobae. La fuente se refería a la Ley
N° 11.179, que en su artículo 171 dice que “sufrirá prisión de dos a seis años
el que sustrajere un cadáver para hacerse pagar su devolución”.
La realidad es que el robo de un cadáver es penado
únicamente por el Código Contravencional de la Provincia de Buenos Aires a
partir del Decreto de ley 8031/73. Según su texto, sancionará a quien
“sustrajere un cadáver o sus cenizas”, “mutilare o destruyere un cadáver sin la
correspondiente autorización” o “profanare un cadáver” con hasta 90 días de
arresto y una multa, la que, según manifestaron a este medio fuentes judiciales,
“es prácticamente simbólica”.
El caso remite, por ejemplo, al del cuerpo de Ciro Lescano,
un bebé de un año y dos meses, robado de su ataúd en una cripta en el
cementerio de Otamendi, localidad cercana a Miramar. El caso ocurrió en la
Nochebuena de 2016: sigue irresuelto hasta hoy.
(Fuente: Infobae)