Por Matías Declemente, Lic. en comunicación social
La última campaña electoral puso de
manifiesto el hartazgo de las nuevas generaciones hacia la política y los
políticos tradicionales, un sentimiento comprensible que merece atención. Sin
embargo, la apatía o la desconfianza no pueden llevar a la renuncia de la
participación ni al individualismo exacerbado. Abandonar la política o
considerarla irrelevante deja un vacío que inevitablemente será ocupado por
intereses particulares que no siempre coinciden con el bienestar común.
La Importancia del debate y la participación
Es crucial entender que el debate no debe
reducirse a si una medida es "buena" o "mala", ya que esto
nos aleja del punto fundamental: las necesidades y los problemas reales de la
gente. Estos no pueden quedar librados a la suerte de cada individuo,
dependiendo de su acceso a oportunidades, herramientas o recursos. El
"sálvese quien pueda" no puede ni debe ser la respuesta.
En las últimas semanas, diversos conflictos
sociales fueron foco de la agenda mediática, política y pública, como el
reclamo salarial del Hospital Garrahan, la provocación constante hacia la
comunidad universitaria y científica, los recortes que afectan a jubilados en
su poder adquisitivo y prestaciones de salud, o la vulneración de derechos de
personas con discapacidad. Todos estos conflictos comparten un denominador
común que define al gobierno nacional: su falta de creencia en el Estado como
garante de derechos.
El papel del Estado en la sociedad
El Estado no puede "achicarse" a
una estructura administrativa ni a una planilla de excel. Es, ante todo,
el instrumento fundamental para garantizar derechos y equilibrar desigualdades.
Cuando el Estado se retira, no hay libertad: hay desamparo. Su presencia activa
es condición indispensable para construir una sociedad más justa. Defender la
presencia del Estado es defender el derecho de cada argentino y argentina a
vivir con dignidad ya que el bienestar pleno de las personas no es variable de
ninguna fórmula de superávit fiscal.
La necesidad de un nuevo enfoque político
La estructura política que ganó
democráticamente y llegó al gobierno con la promesa de "cambiar la
política", apeló a un discurso de ruptura que sedujo a parte de la
ciudadanía harta de las formas tradicionales. Sin embargo, lejos de transformar
las lógicas existentes, no han hecho más que profundizar la grieta y agudizar
la polarización. La supuesta defensa de la libertad se acomoda según los
vientos de época y conveniencias coyunturales, siempre y cuando el relato de equilibrio
fiscal no sea machacado. En lugar de construir una política distinta,
reproducen lo peor de lo viejo con el maquillaje de lo nuevo.
Hacia una nueva forma de hacer política
Hoy más que nunca, la Argentina necesita
discusiones que nos eleven como país, que nos inviten a construir una agenda
común que trascienda las grietas y nos permita pensarnos con futuro. Debemos
dejar atrás los debates estériles que repiten consignas sin conexión con las
necesidades reales de la gente, y animarnos a tender puentes que nos permitan
imaginar nuevas formas de habitar y gobernar este territorio inmenso y diverso.
El federalismo no puede seguir siendo una idea declamada: debe convertirse en
una práctica concreta, sostenida por proyectos productivos que reconozcan el
valor de las economías regionales. Son estas las que dinamizan las provincias
y, sin embargo, suelen ser ignoradas por una mirada centralista desde Capital
Federal por quienes desde el lobby hacen una forma de vida.
Pensar la Argentina desde una lógica más
territorial implica, además, reconocer nuestras fortalezas culturales, sociales
y humanas. Es urgente dar el salto a la praxis en debates clave del siglo XXI,
en los que supimos ser pioneros: la protección del ambiente, el desarrollo
tecnológico y la defensa inclaudicable de la educación pública. Sin embargo,
hoy no parece haber consensos sólidos que los sostengan.
Proyectar(nos)
Proyectar una nueva forma de hacer política
implica gestionar con sensibilidad, con eficiencia y con una profunda vocación
de servicio. Implica escuchar más y declamar menos, caminar los territorios y
hacer de la cercanía una herramienta transformadora. La Argentina que viene se
construye con trabajo, con producción, con diálogo y, sobre todo, con un
profundo respeto por la diversidad que nos constituye como nación.