Por Nicasio Guerra
Decir que en Argentina todo es conflicto
y tensión no es el gran descubrimiento. Sin embargo, el negarlo y fingir que no
existen diferencias entre nuestros paisanos, no es inocente o idealista, es un
error.
Sobre la famosa “grieta” se ha dicho,
escrito, pensado, mil cosas. Y seguro que de aquí no ha de salir nada original,
ni menos una solución. En nuestro gran país, siempre hay maneras distintas de
concebir el mundo, lo que nos pasa… en el futbol, en lo político, en lo
económico, en lo moral, y otra vez en el futbol… y así, donde quiera. Es en esa
tensión y conflicto constante donde nace el ser nacional y según la dialéctica;
donde nace todo.
Siempre funcionan los discursos de “los
unos contra los otros”: El peronismo autoritario o El mundo libre. El
imperialismo mercantilista o La doctrina del pueblo. Ganar gustar y golear o Al
contrario písalo. Charly o Spinetta. Tal vez funcionan porque son ciertos.
Claro, alguno dirá que hay grises que
hay medios. Pero no es más que el resultado del conflicto. No se trata de vivir
enfrentados y llevar “La grieta” como bandera. Se trata de saber que allí está,
y que no nombrarla; no la elimina. Es cierto que tal vez eliminarla sea
imposible, pero podemos ir llevando los conflictos a las capas más exteriores a
medida que resolvemos lo que está adentro y es más profundo.
En general -me atrevo a decir- siempre
se ha de seguir así: desde adentro para afuera. El hombre es primero en su
interior para nacer fuera y en comunidad, lo mismo el amor, el pensamiento y
tal vez Dios. Aquel que quiera proceder al revés, hará colapsar al mundo en su
interior. Y como un vaso no contiene el océano, ningún criollo tiene tanto
cuero como para asumirse en el centro.
No es ninguna novedad – ya muchos lo señalan-
que el progresismo, intelectuales de izquierda y algún sector del peronismo,
creyeron ir ganando territorio y avanzando con sus ideales, llevando el
conflicto a las capas más exteriores. Descuidando así la cosa profunda, y por
supuesto; más compleja. No está mal repensar nuestro lenguaje y su impacto
socioafectivo, económico y en la calidad de vida de la gente que sufre
condicionamientos, incomodidad o se sienten violentados y ocultados por la
gramática del español. Lo que es un error, es pensar que así se está más cerca
de resolver la violencia más dañina, la discriminación más intolerante y las
injusticias más dolorosas.
Se entiende, que para jugar al futbol,
primero hay una cancha aunque sea un potrero, luego jugadores aunque sean un
grupo de amigos con falta de estado y coordinación, después una pelota aunque
sea hecha de trapo. Es lindo tener tribunas, un puesto de choripanes, baños,
alguien que arbitre y hasta camisetas… pero si no hay partido; ¿Para qué?
Es responsabilidad del peronismo, de los
que decimos que somos peronistas, el volver a discutir aquello que el pueblo
nos pide que resolvamos. La gente no votó cansada, ni con odio, no todos al
menos. Votó para discutir el interior de la grieta. No quiero ni pretendo que
esto sea un análisis de porque ganaron los “libertarios” -En cuyo caso tengo
otras opiniones- escribo porque no todos somos iguales, porque la grieta existe
y como toda frontera; se disputa y se va corriendo como el gringo corre el
alambrado en su codicia. Escribo, porque la violencia, la discriminación, la
injusticia, el hambre, se está profundizando. La están profundizando. Una tropa
de insensibles con amor a los índices estadísticos, que creen que todo es
monetario y por consiguiente actúan como a la plata más le gusta, como timberos.
Presumen de una intelectualidad virtual, hablando para parecer ser, y es que el
mayor defecto de Perón y su doctrina, es que no la leen.
Y si nuestros compatriotas todavía están
expectantes de ver los frutos del esfuerzo que están haciendo, que más que un
esfuerzo es un abuso. Es porque el peronismo y la oposición todavía no entendió
que hay que poner sobre la mesa y sobre todo OCUPARSE de las viejas deudas de
los trabajadores, de la justicia, de la seguridad, de la educación… y no seguir
cayendo en debates cómodos o pretendiendo salir bien parados como candidatos al
despegarse de los conflictos sin hacer nada útil por su gente (Pilatos se lavó
las manos, pero a Jesús igual lo mataron).
Hay un partido que se está jugando y que
nunca termina, siempre se va perdiendo -según creo- pero hoy perdemos por más,
y si seguimos preocupados porque la pelota pica mal por buches ladinos de pasto
o porque hay algún pocito, tal vez, remontar sea imposible.