Franco Cervera
Leonela Viroglio (34) siente pasión por su vocación.
Aprendió el oficio de una manera triste, ya que sin estar recibida debió
asistir a su pareja, Fernando Ortiz,
quien padecía una enfermedad de base muy compleja y lamentablemente falleció en
2018, cuando tenía 35 años.
Estuvo con él en los momentos más duros,
asistiéndolo durante años, contando con la ayuda de otros profesionales. Así aprendió
parte de este oficio tan esencial. Luego de algunos años y transcurrido el
duelo, se percató que esa etapa le sirvió para confirmar que su futuro tenía
que ser al lado de otras personas que necesitan atención, por eso decidió
estudiar Enfermería, carrera de la cual se recibió.
“Mi sueño es seguir creciendo profesionalmente,
actualmente estoy realizando una diplomatura en nefrología y hemodiálisis. Me
gustaría servir con empatía y dejar una huella en las personas. Hay una frase
que me gusta mucho: ‘Puede que olviden tu nombre, pero jamás olvidarán cómo les
hiciste sentir’. A eso apunto, sería muy gratificante para mí”, sostuvo
Viroglio a Up.
Para la entrevistada, aunque la enfermería es
reconocida como un pilar esencial en el sistema sanitario (quedó demostrado
durante la pandemia), aún enfrenta desafíos significativos en cuánto a la
valoración social e institucional.
- ¿Cuándo supiste que
ibas a ser enfermera?
- De chica sentí la necesidad de ayudar a los
demás en momentos de vulnerabilidad. Terminé el secundario sin saber o tener en
claro que quería seguir estudiando, siempre trabajé pero ninguno de esos
trabajos me llenaba el alma. Hoy, ya de grande, comprendí que Dios tenía planes
para mí.
- ¿Ayudar a tu pareja
fue clave para definir tu futuro?
- Con nuestro hijo Thiago, 11 años y medio
compartimos vida con Fernando. Él padecía una enfermedad de base llamada
Fibrosis Quística en donde se requerían internaciones largas, las cuales al
principio se realizaban en la Clínica Regional del Este donde él trabajaba y
tenía su equipo médico. Luego pasaron a realizarlas en nuestro domicilio para
su comodidad, tranquilidad y evitar complicaciones. Aquí de manera bondadosa,
empática y sin esperar nada a cambio, sus compañeros/as enfermeras como así
también su prima Ana, iban a casa a realizarle los tratamientos.
- Ahí vos decidiste
aprender también.
- Siempre fui curiosa, observaba como
preparaban la medicación, como se colocaba, el goteo, lavado de vía, entre
muchas otras cosas. Compartíamos charlas, mates mientras realizaban sus tareas.
Ellas me explicaban todo, paso a paso hasta que aprendí y Fernando con toda su
confianza puesta en mí quiso que le realizara la medicación sobre todo por las
noches para que las chicas no fueran a casa con el frío del invierno, ya que se
terminaba muy tarde el tratamiento.
- ¿La situación se fue
complicando?
- Años más tarde, en 2017, estando en lista de
espera para trasplante, llegó el momento de irnos a vivir a Pilar (Buenos
Aires) para estar más cerca del Hospital Austral donde tenía a su equipo médico
de trasplante. Fue muy difícil dejar a nuestro hijo, nuestras familias y
trabajos, pasar de estar rodeados a estar completamente solos sin conocer a
nadie. Casi un año estuvimos viviendo allá. Transitando ese tiempo, ya siendo
oxígeno dependiente aprendí a manejar oxigenoterapia, el bipap, concentradores
de o2, sus kinesiólogas Viviana y Soledad del instituto Ámbar me enseñaron
técnicas respiratorias para espectorar secreciones, aprendí que el azúcar no
sólo servía para endulzar sino que también sirve para acelerar el proceso de
cicatrización de una herida que, en el caso de él, le quedó post trasplante,
entre otras cosas.
- ¿La experiencia sirvió
para valorar el trabajo del enfermero o ya lo conocías?
- Llegado el momento del trasplante bipulmonar
estuvo poco más de un mes en Unidad de Terapia Intensiva recuperándose y fue
ahí donde pude apreciar que el personal de enfermería no solo se encargaba del
cuidado físico y de administrar medicamentos sino que fueron mucho más que eso:
compañeros, psicólogos, empáticos, cantantes, contadores de chistes, educadores
y mucho más. Esto generó una conexión emocional fundamental y este vínculo
enfermeros - paciente influyó en la calidad del cuidado y en los resultados
terapéuticos, construyeron y quedó una hermosa amistad después de todo.
- ¿Cuándo llegó el
momento de estudiar?
- Un año después la vida dio un giro terrible,
muy doloroso e inesperado y por complicaciones, Fernando falleció. Atravesando
el duelo con ayuda psicológica, con mi terapeuta holística Adriana y el apoyo
familiar, tres años después me sentí un poco más fuerte mental y emocionalmente.
Lamentablemente no podía cambiar el pasado pero sí transformar este dolor en
amor, pasar de la angustia y el sufrimiento a una perspectiva de comprensión,
aceptación y crecimiento personal. Fue entonces que decidí comenzar la carrera
de Enfermería con 31 años y todos los miedos encima. No fue fácil, tres años de
muchos sacrificios pero mi alma era feliz. Con el apoyo incondicional de mi hijo,
de, mi pareja Julio, familia y amigas pude terminar la carrera superando mis
propias expectativas, ya que tuve el honor de ser escolta de nuestra Bandera
Argentina. Fue muy gratificante este reconocimiento.
- Llegaste a la
carrera con un conocimiento previo a través de la experiencia.
- Sí. De cada persona y profesional que conocí
me guardé lo mejor y más preciado, es por eso que lo mínimo que puedo hacer es
devolver con amor y compasión lo mismo que nos han brindado, transmitido y que
mejor que siendo enfermera con gran orgullo, hacer el bien sin mirar a quién,
esto sí me llena el alma.
- ¿Cómo estás ejerciendo la profesión
actualmente?
- Hago domicilios por mi cuenta. Durante el
verano me han llamado para trabajar en clínicas pero estábamos atravesando un
momento difícil de salud con mi papá. La vida otra vez me puso a prueba con
otro trasplante, esta vez de médula ósea. Deseaba y esperaba mucho esos
llamados pero con mi alma y corazón en paz decidí rechazar las propuestas para
estar y acompañar a mi papá juntos con mis hermanos en el Hospital Italiano de
Córdoba, en donde conocí un personal de enfermería maravilloso. Ese tiempo y
momentos valiosos no me los quita nadie, fui su enfermera personal y estoy
segura de que Dios me tiene preparado un lugar y ese llamado me va a
llegar. Mi papá ya está dado de alta,
recuperándose muy bien.
- Viéndolo de afuera
primero y ahora estando desde adentro: ¿es una profesión valorada?
- Aunque la enfermería es reconocida como un
pilar esencial en el sistema sanitario (quedó demostrado durante la pandemia)
en lo personal, aún enfrenta desafíos significativos en cuánto a la valoración
social e institucional. Es fundamental seguir trabajando en la visibilidad de
la profesión, mejorar las condiciones laborales y fortalecer la identidad
profesional para asegurar un reconocimiento pleno y el apoyo que merecemos.
- ¿Cuál es tu sueño?
- Mi sueño es seguir creciendo
profesionalmente, servir con empatía y dejar una huella en las personas. Hay
una frase que me gusta mucho: "Puede que olviden tu nombre, pero jamás
olvidarán cómo les hiciste sentir", a eso apunto.