“Si
vos le sacás el celular y la droga a los internos, adentro de la población
carcelaria se pudre”. Sin tapujos, así describe
la situación un efectivo policial que caminó los pasillos del Servicio
Penitenciario n° 7. La sensación que deja el testimonio es que el “orden” que
se quiere mantener adentro complota con el de afuera.
De esta forma, aquellos presos que libres
tenían poder lo siguen conservando tras las rejas manteniendo su estructura
delictiva.
Claro que no solo hay celulares y corre la
droga dentro de la cárcel de San Francisco, sino que es un problema común a
todas las de la provincial y el país. A veces la realidad supera la ficción de
series como El Marginal o En el barro.
Los teléfonos vienen siendo un instrumento
clave para seguir comunicándose con el afuera y poder llevar adelante estafas
millonarias. Sí, aunque parezca mentira, a veces estar adentro genera mayores
dividendos que caminando por la calle.
Dos investigaciones que confirman que poco ha
cambiado
Al menos desde hace una década las cárceles en
Córdoba se convirtieron en centros de operaciones delictivos facilitados por la
corrupción dentro del servicio penitenciario. Alguien permite el ingreso de
celulares, sea por connivencia u omisión.
A comienzos de la semana que pasó, la fiscalía
de Delitos Complejos a cargo de Silvana
Quaglia avanzó con una investigación que le permitió desentramar una serie
de estafas desde el Servicio Penitenciario n° 5 de Villa María, donde fueron
víctimas personas de San Francisco y nuestra región.
El gran trabajo desplegado por investigadores
sanfrancisqueños permitió el secuestro de tres teléfonos celulares, chips y
cuadernos con anotaciones de números telefónicos y de CBU bancarios y
billeteras virtuales.
Los delincuentes utilizaban la identidad de una
familia de comerciantes de San Francisco, de apellido Boetto, para contactarse
mediante cuentas de Facebook truchas en sitios de compra y venta de productos.
Allí lograban obtener datos de sus víctimas para estafarlas económicamente por
medio de transferencias bancarias.
La droga, otro negocio tras las rejas
Otra investigación tuvo buen desenlace la
última semana a través de un operativo de la Fuerza Policial Antinarcotráfico
(FPA). Cayó una banda narco y se detuvo a tres personas mayores de edad en el
marco de cinco allanamientos en San Francisco y Morteros.
En un trabajo coordinado entre la FPA y la
jefatura del Establecimiento Penitenciario n° 7 de San Francisco, se
cumplimentaron los registros de dos celdas y se realizaron allanamientos en
nuestra ciudad y Morteros.
Según se explicó, la banda narco, mediante las
parejas de algunos internos que iban a las visitas, introdujo cocaína dentro
del penal para que luego sea comercializada puertas adentro.
Qué es lo que falla
Fuentes vinculadas a la Justicia de San
Francisco consultadas por Up admiten
que este último caso donde se ingresó droga para su venta al penal demostró una
falla en las requisas. Aseguró además que existen “restricciones” para el
control corporal de las visitas, en su mayoría mujeres.
Este panorama obliga a que los controles sean
más estrictos. A fines del año pasado, se anunció la construcción de un nuevo
espacio para intensificar las inspecciones en el ingreso, con la instalación de
un avanzado sistema de body scan o escáner corporal.
Se trata de un equipo de última generación, que
utiliza rayos X y escaneo 360º, examina el cuerpo humano para detectar
cualquier objeto, especialmente teléfonos celulares, e incluso amenazas ocultas
como por ejemplo armas metálicas y no metálicas, también drogas que intenten
ingresar al penal. Tanto las visitas como los empleados del Servicio Penitenciario
deberán someterse al body scan y a un escáner para sus pertenencias.
Según supo este medio, la construcción de este
espacio –estaría listo en dos o tres meses- se encuentra en marcha. No solo
contará con este escáner sino además con salas de requisas y baños para
visitas.