Ante un escenario de tasas de interés que
pueden resultar asfixiantes, muchos usuarios se preguntan qué sucederÃa si
tomaran la drástica decisión de dejar de pagar su tarjeta de crédito. Si bien
la Ley 25.065 de Tarjetas de Crédito establece un marco de protección para los
consumidores, las consecuencias de un incumplimiento total son graves y pueden
afectar la vida financiera de una persona durante años.
El camino que se inicia tras el impago incluye
desde la inhabilitación para acceder a nuevos créditos hasta la posibilidad de
un embargo judicial sobre el sueldo y otros bienes.
El laberinto de las tasas de interés
El primer factor que desata la crisis es el
costo del financiamiento. Al no pagar el total del resumen, se activan los
intereses compensatorios, y si no se abona el pago mÃnimo, se suman los
punitorios.
Tasas actuales
Un ejemplo del mercado, como el del Banco BBVA,
muestra una Tasa Nominal Anual (TNA) del 90,15% para la financiación. Sin
embargo, la cifra que realmente importa es el Costo Financiero Total Nominal
Anual (CFTNA), que incluye impuestos y otros gastos, y se eleva al 109,08%. A
esto se le suman los intereses punitorios, que tienen la misma TNA.
LÃmites legales:
La Ley 25.065 establece en su artÃculo 16 que
el interés compensatorio o financiero que aplica el emisor no puede superar en
más del 25% a la tasa que esa misma entidad aplica a los préstamos personales.
Además, el artÃculo 18 prohÃbe la
capitalización de los intereses punitorios, es decir, no se pueden cobrar
"intereses sobre intereses" de castigo.
Las consecuencias inmediatas: llamado, Veraz e
inhibición
Una vez que se produce el impago, se activa un
protocolo estándar:
Intimación de pago:
El primer paso son los insistentes llamados y
notificaciones del departamento de cobranzas del banco o de estudios de
abogados tercerizados.
Inclusión en el Veraz:
El deudor es informado a las bases de datos de
riesgo crediticio (como Veraz o Nosis). Esto es casi inmediato y tiene una
consecuencia directa: la imposibilidad de acceder a cualquier otro tipo de
crédito en el sistema financiero, desde un préstamo personal hasta la
financiación de un electrodoméstico o un nuevo contrato de alquiler.
Inhabilitación y baja de la tarjeta:
El banco procederá a bloquear y eventualmente
dar de baja la tarjeta y, dependiendo del contrato, podrÃa intentar debitar la
deuda de otras cuentas que el titular tenga en la misma entidad.
El camino judicial: ¿me pueden embargar el
sueldo?
Si la deuda persiste, el banco puede iniciar
acciones legales. Sin embargo, la ley establece un procedimiento especÃfico que
protege al consumidor.
Juicio ejecutivo prohibido:
El artÃculo 14, inciso h, de la ley es clave:
declara nulas las cláusulas que "permitan la habilitación directa de la
vÃa ejecutiva".
Esto significa que el banco no puede ejecutar
la deuda automáticamente con el simple resumen.
Preparación de la vÃa ejecutiva:
Lo que sà puede hacer el banco, según el
artÃculo 39, es "preparar la vÃa ejecutiva".
Debe presentar ante un juez el contrato original
y los resúmenes de cuenta para que se reconozca judicialmente la deuda. Si el
juez da el visto bueno, se inicia el juicio.
Embargo de sueldo y bienes:
Si el juicio avanza y el deudor es condenado a
pagar, el banco puede solicitar al juez un embargo sobre sus bienes.
El más común es el embargo de sueldo, que se
aplica sobre un porcentaje del salario que exceda el Salario MÃnimo, Vital y
Móvil. También pueden embargarse cuentas bancarias, automóviles o inmuebles.
La deuda no desaparece: ¿cuándo prescribe?
Una creencia común es que las deudas
"caducan" a los cinco años. Sin embargo, la Ley de Tarjetas de
Crédito tiene plazos especÃficos, según su artÃculo 47:
-La acción ejecutiva prescribe al año.
-Las acciones ordinarias prescriben a los tres
(3) años.
Esto significa que el banco tiene un año para
iniciar la "preparación de la vÃa ejecutiva" y tres años para un
juicio ordinario (más largo). Es crucial entender que cualquier notificación
fehaciente o un pago parcial, por mÃnimo que sea, interrumpe los plazos de
prescripción y el conteo vuelve a cero. Por lo tanto, dejar de pagar con la
esperanza de que la deuda desaparezca por el paso del tiempo es una estrategia
muy arriesgada y, en la mayorÃa de los casos, ineficaz.