Se puede decir que Oreste Gaido (60) fue un fiscal sin rango. Por dos décadas actuó como mano derecha de Bernardo Alberione y acompañó por unos días a Silvana Quaglia, quien quedó finalmente al frente de la atareada fiscalía de Delitos Complejos de San Francisco, y en el último tiempo fue secretario de la fiscalía que conduce actualmente Emilio Drazile. Sin embargo, por cuestiones personales decidió trasladar toda su experiencia y últimos años de profesión a la fiscalía de Morteros, que conduce Francisco Payges.
Es por esto que este martes se vivió un momento emotivo y de merecido reconocimiento a uno de los investigadores más importantes de las últimas décadas que tuvo en su responsabilidad el esclarecimiento de las causas más complejas de esta ciudad y zona.
Junto a Alberione (ya jubilado)
funcionaron como uno y tuvieron participación decisiva en la resolución de
innumerables casos, muchos de ellos que llegaron a conmocionar a la ciudad y el
país: Natalia Vercesi y Alejandro Bertotti; “Marita” Lanzetti y Mauro
Bongiovanni; Daniel Casermeiro, entre otros nombres y apellidos, los tuvieron
en vela más de una madrugada. A estos femicidios y homicidios hay que sumarles
los abusos sexuales, recurrentes en nuestra región.
Antes de irse a Morteros habló
con Déficit Cero para contar su experiencia y analizar este nuevo paso en su
carrera judicial.
De profesión, abogado
Gaido no viene de una familia de
abogados que haya funcionado como carnada para encontrar una profesión al
terminar el colegio secundario. Pese a ello decidió estudiar Derecho porque
–reconoce- le gustaban las Ciencias Sociales. Mientras cursaba el tercer año de
la carrera ingresó al Poder Judicial de la ciudad de Córdoba, en el fuero
laboral, y luego de unos años –ya recibido- pidió el traslado a San Francisco.
En 1995 le ofrecieron un cargo de
funcionario para una fiscalía y aunque primero se negó, terminó luego
aceptando: “Había dos fiscalías en ese momento, una de ellas la del doctor
(Víctor) Pezzano, de quien aprendí muchísimo. Estuve un par de años ahí y pasé
a lo que era el Juzgado de Instrucción que realizaba la investigación de los
hechos delictivos en esa época, hasta que llegó la supresión de este juzgado.
Luego se crearon las fiscalías de tercer y cuarto turno”, recordó Gaido en
diálogo con Up. En 1999, comenzó a trabajar con Alberione, con quien forjó una
gran relación.
- ¿Cómo fue la experiencia de
intervenir en casos fuertes como homicidios, femicidios y abusos sexuales? ¿Uno
llega realmente preparado a una fiscalía de este tipo o se va haciendo en el
andar?
- En mi caso siempre tuve buenos
equipos de gente, no se puede trabajar solo, se trabaja mucho en contacto con
la policía y otros auxiliares. A esta altura creía haberlo visto todo, pero no
es así. Cuando acontece el hecho, nuestra tarea es reconstruir históricamente y
tratar de encontrar la verdad real. Allí comienza un trabajo que requiere de
mucha paciencia y donde hay una adrenalina importante. En ese trajín existe un
tránsito duro que atravesar. Uno debe tener en cuenta los derechos de las
personas, se trabaja con un código que marca pautas procesales que no se pueden
obviar. La persona acusada tiene sus derechos y hay que respetarlos. No es
grato para nosotros intervenir porque implica que en el medio algo falló;
nosotros trabajamos con hechos consumados y la prevención es una tarea policial
que a mi entender se hace bien en San Francisco y nuestra zona.
- ¿De acuerdo a su experiencia
existe algún delito que describa a San Francisco?
- En San Francisco es muy difícil
o era difícil encontrar hechos contra la propiedad con armas o ingreso de
delincuentes con gente en el interior. Hasta hace poco era bastante raro que
sucedan de ese modo, ya que el modus operandi más usado era el ingreso a casas
donde en ese momento no estaban sus dueños. Sí estamos en una zona con muchos
abusos sexuales; últimamente gracias a la ayudad de la Ley de Educación Sexual
Integral, del trabajo médico y docente, hay más denuncias. Pero son hechos
difíciles de investigar, por lo general se denuncian tiempo después de haber
sucedido. En la investigación se debe volver hacia atrás, trabajar con menores,
entonces reconstruir es complejo y se necesita ayuda de equipos
interdisciplinarios para buscar indicadores. Se tratan de hechos que se dan en
la intimidad y no hay testigos presenciales en la mayoría de estas causas.
- ¿Cuáles fueron los casos que
más lo marcaron?
- Recuerdo muchos, inclusive
algunos que no fueron muy mediáticos como lo serían hoy. Una vez hallamos una
persona tirada en un camino rural, una noche de mucho frío. Pensamos que había
sido atropellada por un vehículo y que la abandonaron, pero con la autopsia
cuando vimos el cráneo encontramos un proyectil y terminó siendo una causa de
homicidio calificado por precio y promesa remuneratoria. Fue una investigación
muy difícil en el año 2003, fue de unas de las primeras que me marcaron. Cuando
no sabés qué pasó te invade la ansiedad y comenzás a buscar por todos lados
elementos para esclarecerlo.
- ¿Y de los más actuales en el
tiempo?
- El crimen de Natalia Vercesi en
2009, que fue muy mediático. Recuerdo que llegábamos muy temprano con el fiscal
y había prensa de todo el país, nos reuníamos entre los dos de madrugada,
vivíamos cerca y nos juntábamos para entrevistar a muchos testigos,
trabajábamos sábado, domingo, sin horarios. Había pasado un tiempo después del
caso (Nora) Dalmasso en Río Cuarto, entonces había una celeridad por
esclarecerlo. Fue una causa brava. Después estuvo el caso de Marita Lanzetti,
el del médico Casermeiro que nos marcó mucho por la fecha (en diciembre de
2019, cerca de las fiestas). En este caso había una desaparición, lo que genera
un grado de ansiedad importante. A los pocos días encontramos el auto,
pensábamos en que estaba la víctima allí y no lo estaba, entonces teníamos el
auto pero no a la persona, ni al cuerpo que es muy importante porque una
autopsia siempre habla, es clave para la acusación. Entonces fue una
investigación compleja pero pudimos llegar a una acusación y luego a una
condena.
- Cuando surgen casos de este
tipo suele ser grande la presión de la comunidad para que se resuelvan pronto.
¿Eso lo sienten?
- Puede ser, por conocimiento de
las familias. Suelen haber cuestionamientos, casos puntuales como el de Natalia
Vercesi donde hubo participación de muchos abogados en la defensa de Alejandro
Bertotti… Pero hicimos un buen trabajo, hubo condena y creemos no haber
cometido errores que permitan que el acusado haya sacado alguna ventaja. Y,
bueno, los tiempos de la Justicia no son los de la gente. En nuestro caso hay
que cuidar los tiempos procesales. La Policía también trabaja a una velocidad
que hay que seguirlos, nosotros los comisionamos a que vayan a distintos
lugares y nuestro procedimiento es escrito. Siempre digo que el expediente es
cuento y no podemos acusar a una persona sin decirle por qué se lo acusa, hay
que darle las razones, escribir, sumar indicios para llegar a una conclusión.
- No es que la Justicia sea lenta
sino que los procedimiento son largos.
- Evidentemente los tiempos
pueden ir más rápidos o no, la prueba la podés tener al alcance de la mano pero
muchas veces cuesta encontrarlas. Afortunadamente ayudan mucho las cámaras de
seguridad, el centro de monitoreo. Pero lleva todo su tiempo. Hay accidentes
donde vienen las cámaras en crudo y son de una o dos horas, entonces hay mucho
de observación. A favor tenemos a la Policía Científica que da una mano grande.
Cómo afectan las investigaciones a quienes investigan
- ¿Afectan los casos investigados
cuando se vuelve a casa?
- Uno es una persona normal, con
familia, hijos, pero de nuestro lado no podemos perder la objetividad.
Evidentemente generan un estrés adicional, replanteos, pero es nuestra función
y tenemos que prestar un servicio. Yo al imputado le digo que no somos un
enemigo sino que estamos porque debe actuar la Justicia y si cometieron un
error deben someterse a un proceso con los avatares que eso genera. Hay
cuestiones que otros no la ven pero que las pasamos, y obvio que viene atado a
lo que uno eligió. Más allá de los conocimientos jurídicos y técnicos hay que
estar preparados para cuando suena el teléfono a la hora que sea, el momento
que sea y en el lugar que sea porque sabés que va a haber un problema y hay que
movilizarse para dar una respuesta. Eso genera un estado de estrés. Lo que
tuvimos siempre es predisposición y pasión por lo que hacemos, yo aún la tengo.
Claro que trae consecuencias colaterales, no hay dudas.
- ¿Cómo cuáles?
- Tenemos familia, pareja, hijos,
en algún aspecto de la vida privada el haber presenciado tantas cosas te
sugestiona. Cuando la Policía te comunica el hecho te dice que pasó tal cosa,
hay una persona fallecida pero uno no sabe la identidad. Entonces no sabés con
qué te vas a encontrar al llegar: un amigo, un familiar, un conocido, estamos
en una ciudad donde decimos que nos conocemos todos.
- Siempre estuviste al lado del fiscal: ¿te hubiese gustado serlo?
- Soy una persona que en mi
concepto me gusta estar en un lugar donde me siento útil y pueda prestar el
servicio de justicia. Creo que con Bernardo (Alberione) prácticamente éramos
uno, no había esa diferencia, claro que era el fiscal y por eso la mayor
responsabilidad recaía sobre él. Pero trabajamos siempre juntos y de manera
criteriosa, nunca hemos tenido disensos importantes. Nosotros tenemos en
nuestras manos la libertad de las personas, por lo cual a veces hay discusiones
o intercambio de criterios al momento de firmar una detención. En eso sí
tratamos de ser lo más criteriosos posibles y si lo hacíamos eran con pruebas
contundentes, respetando el principio de inocencia y los derechos.
- Se puede decir que fuiste un fiscal sin rango de fiscal.
- Sí, en eso hay en parte mía un
acto de cobardía, de no haberme nunca presentado a un concurso. En principio
era porque no estaba muy de acuerdo con la forma de la toma de examen, pero
nunca me desveló.










