Nicolás Albera
Otro fin de año lleno de incertidumbre y tristeza parece
que volverán a pasar los ex trabajadores de la firma láctea San Lucio, de Morteros, quienes esperan
una resolución judicial que les devuelva en parte algo de la tranquilidad que
perdieron en 2020, cuando la empresa cerró y ellos quedaron en la calle.
Ese año, unas 50 familias quedaron sin empleo y ni
siquiera fueron indemnizadas como corresponde en estos casos. De ahí a esta
parte, todo fue sufrimiento y un universo de mentiras en su derredor.
“La empresa cerró y no dieron la cara, nunca sus dueños
hablaron con nosotros para informarnos las causas. Hoy los vemos en la calle y
siguen con sus vidas tranquilos”, sostiene con pesar José Arrascaeta (47), padre de tres hijos, quien se vinculó a la
láctea en el año 2006.
Este martes, Arrascaeta arribó a San Francisco junto a
otros seis compañeros para reunirse primero con su abogado, Enrique Pistone. Luego, todos fueron
recibidos en una audiencia en la Cámara de Trabajo de Tribunales. Junto a otros
siete ex trabajadores, llevan adelante un juicio laboral contra los
responsables de la empresa que estuvo a cargo primero de Hugo Marenchino, y ya en el final pasó a manos de Juan Manuel Capafons. A ellos acusan de
“vaciarla”.
Batallar hasta las
últimas consecuencias
En diálogo con Up,
el abogado que patrocina a los denunciantes explicó en los últimos años de
funcionamiento, San Lucio procesaba 100.000 litros de leche por día, lo que
desmentiría la versión de una empresa al borde de la quiebra.
“Era una empresa muy pujante, con 55 trabajadores
especializados para la fabricación de productos lácteos”, sostuvo Pistone.
Pero en ese 2020, sus dueños iniciaron un concurso
preventivo y, en 2021, la fábrica cerró. Afuera quedaron sus empleados, en la
nada misma porque no se los indemnizó, ni se les abonaron los aportes a la ex
Afip ni a la obra social (estos últimos los mantiene aún el gremio Atilra). Hace
un mes, en tanto, la empresa se declaró en quiebra.
Pistone indicó que la presencia en Tribunales sirve también
para visibilizar la lucha, por lo que espera que cámara laboral haga justicia.
“Hace dos años y medio que estamos con el reclamo de indemnizaciones,
hay 14 juicios en paralelo y reclamamos que se reconozca a los verdaderos
dueños y beneficiarios del producto de la empresa que era la familia
Marenchino, reclamamos la solidaridad laboral de quienes se beneficiaron del
producido de la empresa”, subrayó el abogado.
Sobre el “vaciamiento” que se denuncia, Pistone contó que
“no hay bienes” por lo que es clave que se declare la solidaridad con los
propietarios: “Hay angustia pero también mucha capacidad de batalla”, destacó.
Lo difícil de
volver a empezar
Arrascaeta reconoce que quedar sin trabajo después de los
40 años es una situación muy complicada de resolver, más con la actualidad del
país: “Es una edad difícil para conseguir trabajo, te rechazaban bastante. Uno
se aferra a un oficio cuando lo tiene, vivíamos con el sueldo lácteo y no ve
venir esto de quedarte sin laburo y cuando pasa te encontrás en una situación
jodida”, reflejó y añadió: “Golpeamos puertas, en Morteros hay fábricas pero
pese a que la experiencia te suma, la edad te juega en contra”.
Sobre los dueños de la empresa, agregó que siempre ponían
excusas basadas en la baja producción y la caída en las ventas, pero indicó que
“escondían mercadería en las cámaras que luego no vendían”, situación que provocaba
en el trabajador “temor e incertidumbre”. A la par, denunció maltrato.
Mario Frías
(44), también es padre de familia. Tiene dos hijas y estuvo vinculado a la
láctea desde 2010: “La fábrica cerró pero nunca supimos el porqué, se borraron
y la pasamos mal. Ellos prometieron que la iban a volver a abrir, pero no
cumplieron”, recordó.
Explicó que conseguir trabajo está muy complicado y que
suelen hacer changas: “Nosotros reclamamos lo nuestro, que se pague lo que
corresponde porque acá estafaron a gente, a tambos, al gremio (Atilra)”,
expresó.
Por último, Frías dijo que los trabajadores se comportaron
desde un primer momento bien con la empresa: “Esperamos una solución, con la
esperanza y la confianza de llegar a un acuerdo, pero pasaron los meses y no
tuvimos otra opción que empezar a mostrar nuestro reclamo”.