Las
bicisendas en San Francisco cambiaron sin dudas los hábitos de muchos
conductores. No solo de bicicletas, sino también de motos y autos, estos
últimos vehículos que sobresalen en las calles de la ciudad.
Algunos
todavía las tildan de “innecesarias” y hasta “molestas”, negando así su
importancia bajo el comentario de que “nadie las utiliza”. Y ahí radica un problema:
el desconocimiento de sus beneficios: tanto en aquel que se mueve en un rodado
de este tipo, como aquellos que no lo hacen.
Las
principales ciudades del mundo tienen ciclovías y bicisendas. Seguramente no
por el mero hecho o el gusto de tenerlas, sino porque las consideran
importantes al momento de organizar el tránsito y de cuidar en la calle a los
más desprotegidos: en este caso los que circulan en bici.
A
mediados de 2021, la Municipalidad comenzó a impulsar estas vías de circulación
con la idea de alcanzar una ciudad más sostenible y habitable para todos los
vecinos, comprometida con el ambiente y la protección de los recursos
naturales. A casi cuatro años de ello, el intendente Damián Bernarte redobla la apuesta.
Un
anuncio sorpresa
Durante
su discurso de apertura de sesiones del Concejo Deliberante, Bernarte anuncióla obra que denominó “Bulevarización de 9 de Julio - Bicisenda en altura”. Lo que
se pretende primero es intervenir el bulevar entre Juan B. Justo y Caseros, con
nuevos canteros, senda peatonal y bicisenda. Ello irá acompañado de una obra
que impactará, sin dudas, urbanísticamente: una bicisenda en altura en la
intersección de las calles Caseros, Av. Urquiza y Av. Cervantes.
De
esta manera, el intendente no renuncia a su objetivo: dotar de bicisendas a San Francisco y hasta innovar con una obra que dará que hablar en la región. Ya
hay varios kilómetros realizados en arterias que derivan hacia centros
educativos, por ejemplo.
“Entendemos
que el mundo va hacia dejar de usar, y esto está establecido por leyes
internaciones, vehículos con combustibles fósiles, promoviendo aquellos que
sean más saludables como lo es la bicicleta, pero no podemos decir que tenemos
una red de bicisendas que se va ampliando y no tener previsto algún tipo de
solución para aquellos que la utilizan”, había indicado Bernarte cuando
inauguró los infladores públicos tiempo atrás.
El
Gobierno municipal reconoció aciertos y fallas de este sistema circulación, las
que trató de corregir. Siempre se destacó que se trata de un cambio de
paradigmas para el tránsito de San Francisco, y que eso, como todo cambio
cultural, dependerá del tiempo que los vecinos se tomen para entenderlo,
aceptarlo y hacerlo propio.
Fomentar
las bicis, pero corregir otros problemas
La
idea de fomentar el uso de la bicicleta es destacable. Pero eso no debe desviar
la mirada de otros problemas crónicos que San Francisco tiene en materia de
tránsito. La ciudad se ve desbordada desde muchos años de motocicletas. Sus conductores
se adueñan de las calles rompiendo todo tipo de norma, circulan a alta
velocidad, en muchos casos sin patente, lo que les otorga total impunidad.
Las
motos vinieron a resolver en un momento de la vida el traslado a bajo costo,
siendo una solución ante la falta de buenos transportes públicos. Es un vehículo
que permite llevar a los hijos a la escuela, ir al trabajo, ir al supermercado,
pudiendo recorrer cortas distancias en poco tiempo. Y llegaron para quedarse.
Pero
su mal uso la convirtió en un problema que se volvió inmanejable. Están involucradas
en la mayoría de los choques. Según especialistas en la materia, quienes las
conducen tiene diez veces más posibilidad de sufrir un siniestro vial. Y en la
ciudad eso es palpable, solo hace falta darse una vuelta por el Hospital
Iturraspe.
Controles
municipales suelen observarse, los que conllevan multas y secuestros de
motovehículos. Sin embargo, no cambian el panorama. La educación vial es clave, existe, pero recién las próximas generaciones -esperemos- harán mejor las cosas.
Las
bicisendas son bienvenidas y el tiempo será testigo de su importancia. Lo de
las motos por ahora es una deuda pendiente.