Hace once años atrás, María Belén
Gambino (42) seguramente no imaginaba que iba a colgarse tantas medallas
por correr. Recuerda que empezó por ese entonces a caminar junto a una amiga,
después se animó a trotar y así fue metiéndose en un mundo al que es fácil
ingresar, pero muy difícil de permanecer: el
running. Su idea era hacer “algo de deporte”, pero de pronto se terminó
convirtiendo en una atleta.
Primero fueron carreras de 5 kilómetros de distancia, luego incursionó en
los 10K y 15K, hasta poder correr carreras de 21K y hasta 42K: “Fui haciendo
todo con tiempo porque es un proceso largo”, le cuenta a Up, Gambino, kinesióloga de profesión y madre de dos hijas.
En su vida profesional también es reconocida. Trabaja con pequeños niños
que sufren problemas respiratorios, tanto en el Hospital Iturraspe como en la Clínica
Regional del Este. Allí corre también, aunque de otra manera. Con su técnica
explota al máximo la templanza que posee cuando se calza las zapatillas
deportivas, y aunque los padres de sus pacientes se tensen con el tratamiento,
se terminan yendo del consultorio relajados.
“Siempre estoy agradecida a la confianza que depositan los padres conmigo.
Ellos saben que yo los tengo que apretar y hasta hacer vomitar muchas veces a
los chicos para despegarles el catarro, pero lo hago con mucho amor y respeto.
Es un mal necesario”, explica entre risas sobre su técnica, aclarando que los niños
son pacientes “especiales” y requieren de una asistencia particular.

Corre Belén, corre
Gambino es una habitué de las maratones de San Francisco, tanto que se
acostumbró a ganarlas en los últimos años. En la foto final, siempre aparece en
los más alto del podio en la categoría damas.
El pasado fin de semana ganó la competencia local por cuarto año
consecutivo. Previamente había corrido en junio la Maratón Internacional de Río
de Janeiro, mejorando su propia marca personal. En Brasil corrió a lo largo de las icónicas playas de
Copacabana, Ipanema y Leblon.
De pronto, María Belén se convirtió en atleta, una condición que no es
fácil de mantener sino hay dedicación. Sin embargo, lo logra pese a sus extensas
jornadas de trabajo, y la vida junto a sus dos hijas y su pareja, el
triatlonista Nicolás Venier.

“Mi cuerpo me pide correr, mi vida pasa por el deporte. No puedo estar
mucho tiempo quieta o sentada, cuando me ven un poco alterada, me dicen andá a
correr. Entonces voy y vuelvo como nueva”, cuenta y destaca a modo de enciclopedia
que está comprobado que hacer deportes “aumenta las endorfinas y la producción
de los neurotransmisores del cerebro que nos hacen sentir bien”.
- ¿Qué te genera haber
ganado en cuatro oportunidades la competencia en tu ciudad?
- Orgullo. Estoy en un momento donde disfruto mucho del deporte y los
resultados que estoy teniendo, nunca lo imaginé. Esto se lo debo a las personas
que me acompañan y a mis entrenadoras. En un principio Ale Rosso y ahora
Silvina Torres.

- Cómo hacés con los
entrenamientos teniendo en cuenta que tenés una familia, un laburo…
- En cuanto al tiempo para entrenar busco los momentos. Hay veces que llevo
a mis hijas a alguna actividad, por ejemplo a fútbol en Antártida Argentina,
las dejo ahí y salgo a correr por esa zona una hora y media. Luego las busco.
El running es un deporte muy sencillo y prácticamente todos pueden practicarlo.
Además la gente quiere sentirse bien, por eso cada vez más buscan entrenar y
poder estar bien.
- ¿Cómo fue la experiencia
en Río de Janeiro?
- Participar de estas competencias es hermoso porque además de competir
conocemos lugares únicos. Hay carreras que podemos ingresar a lugares que en
auto sería imposible y nosotros pasamos corriendo.
Gambino, cabe destacar, fue la mejor sanfrancisqueña (corrieron otros
locales) ubicada en la clasificación general y logró bajar su propia marca: “La
sensación que tuve cuando pasé la meta es indescriptible porque fue muy
emocionante por la cantidad de gente alentando, el lugar hermoso. Un montón de
sensaciones juntas que tuve porque fue mucho sacrificio: el entrenamiento, el
trabajo, cumplir con todo, con mis pacientes, con mis hijas, con mi familia.
Entonces, pasar la meta es lo más lindo del mundo, es como un alivio, una
satisfacción increíble y fue muy emocionante”.
A la vez, María Belén reconoce el trabajo de su entrenadora como
“fundamental” para la obtención de los logros: “Cuando pasé la línea de llegada, le
escribí para decirle que lo había logrado porque es una persona que siempre
confía en mí, así que lo primero que hice fue llamarla”.
El desafío en el consultorio
Gambino trabaja entre 8 y 12 horas por día, brindando un servicio único en
la ciudad. es kinesióloga y
fisioterapeuta infantil, especialista en kinesioterapia respiratoria en niños.
Una tarea que muy pocos profesionales llevan adelante en San Francisco. Su
función consiste en asistir a niños y bebés con problemas de catarro en
bronquios y pulmones.
Sus sesiones parecen un poco molestas para sus pequeños pacientes, pero son
increíblemente eficientes, según reconocen los propios pediatras que le hacen
derivaciones.

“Me dedico a los niños porque ellos son especiales. Es importante poder
asistirlos a tiempo y ayudarlos”, comenta, quien reconoce con pesar que un
motivo subconsciente de elegir tratar a chicos fue la pérdida de un primo a muy
corta edad.
Actualmente cursa
un posgrado en neonatología en el Hospital Italiano de Buenos Aires, mientras
planifica su vida deportiva para lo que viene: “En este momento estoy muy
feliz, no puedo pedirle más al deporte, con 41 años, lo único que pido es
esquivar las lesiones y tener estos logros es muchísimo para mí”, concluye.