Por Juan Ignacio Baima
En
nuestro país, los próceres han defendido a capa y espada las ideas de una
nación moderna, libre y donde la justicia sea la bandera. En otras ocasiones he
podido expresar mis palabras y admiración por Belgrano, Güemes, los soldados de
Malvinas y los forjadores de nuestra independencia. Ahora le toca a José
Francisco de San Martín, libertador de América, soldado de grandes batallas.
Quien con su inteligencia y valentía, allanó el camino hacia una patria grande.
Haré una breve reseña sobre su vida, la de una leyenda, propia de una saga
nórdica, pero bien americana.
Nacimiento en Yapeyú
José
Francisco de San Martín, fue hijo del capitán don Juan de San Martín y de doña
Gregoria Matorras del Ser, ambos españoles. El libertador vino al mundo en el
año 1778 en Yapeyú, que actualmente forma parte de la provincia de Corrientes,
y que por entonces era la capital de uno de los cuatro departamentos en los que
habían sido agrupados los pueblos de las misiones guaraníes, después de que los
jesuitas fueran expulsados del territorio por parte del rey español Carlos III.
Desde 1775, don Juan de San Martín ejercía el cargo de teniente gobernador.
La
familia San Martín en 1781 estaba radicada en Buenos Aires, y a fines de 1783
se embarcaron rumbo a España, llegando en 1784 al puerto de Cádiz.
De vocación militar
José,
después de realizar sus estudios básicos se incorporó en 1789 como cadete en el
Regimiento de Murcia. Mientras formó parte del ejército real, combatió
inicialmente en África contra los moros y después en Europa, en guerras
sostenidas con Francia, Inglaterra y Portugal. Participó en treinta y una
acciones bélicas. Pero de ellas, la batalla de Bailén, donde derrotaron a las
fuerzas invasoras de Napoleón, fue una de las más significativas, ya que le
valió el ascenso al grado de teniente coronel y fue condecorado con la medalla
de oro.
Por
este tiempo también, San Martín se vinculó a otros jóvenes americanos,
residentes en la Península Ibérica, que forjaban planes de independencia para
sus respectivos lugares de nacimiento.
Buenos Aires, San Lorenzo y el Norte
A
poco de su llegada a Buenos Aires, el Triunvirato le confió la organización de
un escuadrón que en pocos meses se constituirá como la base del Regimiento de
Granaderos a Caballo, de carácter inmortal en nuestra historia. Mientras José
instruía a militares desde sus diferentes rangos, contrajo matrimonio con María
de los Remedios Escalada.
En
1813, al frente de 120 granaderos, obtuvo su primera victoria americana,
triunfando en San Lorenzo, cerca de la ciudad de Rosario, a 250 infantes
desembarcados de Montevideo, ciudad aún controlada por los borbones. En un
combate que duró tan solo 15 minutos, la historia quedó marcada a fuego hasta
en nuestra “Marcha de San Lorenzo”: Cabral puso el cuerpo y el honor y salvó a
San Martín. En los colegios casi no la pasan, los chicos no la cantan (No los
juzgo ni los culpo).
El
ejército del Norte, creado en 1810 para afirmar la autoridad y gobierno
independentista en la frontera con el Alto Perú, bajo el mando del excelentísimo
Manuel Belgrano, sufrió duras derrotas en Vilcapugio y Ayohuma. Mientras las
fuerzas retrocedían a Salta, desde Buenos Aires se enviaron los refuerzos al
mando del Coronel San Martín, quien en 1814 asumió el mando del ejército del
norte, luego de la deposición del General Belgrano. Ocupado en Tucumán para
reorganizar el ejército, un deterioro de su salud lo obligó a descansar en
Córdoba.
Gobernador de Cuyo
En
el norte, San Martín estaba ampliamente convencido de que solo por ese frente
no se podría derrotar a las fuerzas del Virrey del Perú. Era necesario abrir un
frente por el océano pacífico y avanzar sobre Lima, así las tropas virreinales
acudirían en defensa del territorio peruano amenazado. Mientras esto no
sucediese, el ejército del norte estaría al mando de Güemes y sus milicias
gauchas.
En
agosto de 1814, el director supremo Posadas, designó a José como gobernador de
Cuyo (actuales territorios de Mendoza, San Juan y San Luis), con “el doble
objetivo de continuar los distinguidos
servicios que tiene hechos a la Patria y el de lograr la reparación de su
quebrantada salud en aquel delicioso temperamento", según el propio
Posadas.
Cuando San Martín llevaba dos
meses como gobernador, el ejército independentista de Chile sucumbió ante las
fuerzas del virrey del Perú. Esto llevó al General a replantearse su
estrategia: O ideaba un plan defensivo para proteger Cuyo, o formaba un
ejército para cruzar la Cordillera de los Andes y liberar Chile, y conseguido
esto, hacer lo mismo con Perú. Se decidió por la segunda, una acción que
asegure a los pueblos hispanoamericanos la tan ansiada soberanía.
Parece salido de un cómic,
pero no era invento
San Martín repartió su tiempo
entre el gobierno civil de Cuyo y en la organización del Ejército de los Andes,
cuyo campo de instrucción estaba en Plumerillo, cerca de la ciudad de Mendoza.
De un lugar a otro se trasladaba montando un caballo negro, de trote largo. Su
vestimenta era sencilla, caracterizado por el color azul y ese sombrero forrado
en hule: ¿Cuántos niños lo habrán personificado en los actos de primaria?
No era muy alto (medía 1,70), pero
impresionaba con su presencia, siempre erguido. De rostro moreno, de tanto
estar sirviendo en campo abierto. De nariz aguileña y ojos negros, inquietos,
una inteligencia poco común y que iba más allá de sus capacidades como
profesional. Era sin dudas un hombre preparado para cualquier hazaña.
Profundamente reservado y caluroso en sus afectos, de él dijo Mitre que
"era observador sagaz y penetrante de los hombres, a los que hacía servir
a sus designios según sus aptitudes".
Libertador de Chile y Perú
Junto al prócer Bernardo O Higgins
a mediados de enero de 1817 se inició el cruce de la cordillera y vencieron a
las tropas realistas en Chacabuco. Con el motivo de la victoria, el cabildo de
Santiago de Chile le otorgó a San Martín la suma de 10.000 pesos, declinados
estos por el libertador quien pidió que el mismo se utilizara para la
construcción de una biblioteca nacional para que el pueblo, decía una nota, “se ilustre en los sagrados derechos que
forman la esencia de los hombres libres”.
Las tropas realistas que
permanecían en Chile fueron reforzadas desde el Perú y en marzo de 1818 sorprendieron a argentinos
y chilenos en Cancha Rayada, pero estos se dispersaron rápidamente. Finalmente,
el 5 de abril de dicho año, San Martín triunfó en Maipú. Chile estaba libre de
enemigos.
Asegurada la independencia de Chile, San
Martín organizó el Ejército Libertador del Perú, integrado por argentinos y
chilenos. La expedición, que partió el 20 de agosto de 1820, desembarcó el 7
del mes siguiente en la bahía de Paracas, donde se anunció al pueblo peruano
que había llegado la hora de su liberación.
El jefe rioplatense inició en ese lugar
su campaña, coronada con su entrada en Lima el 10 de julio de 1821, ingreso que
hizo de incógnito en el atardecer de ese día para no quebrar la modestia y
austeridad con que siempre rigió su extraordinaria existencia. El 28 de ese
mes, el general proclamó la independencia peruana en la Plaza Mayor de Lima.
De regreso a Buenos Aires
Luego de liberar a Perú, San Martín
ejerció el cargo de protector de la libertad de aquel país, creó la bandera y
el himno nacional, fundó la escuela Normal y la biblioteca nacional, decretó la
libertad de los hijos nacidos de esclavos y extinguió los tributos que pagaban
los indígenas. En septiembre de 1822 renunció a sus poderes en Lima y regresó a
Buenos Aires. El 4 de diciembre de 1823, San Martín
llegó a Buenos Aires. Con posterioridad decidió trasladarse a Europa para darle una mejor educación a su hija, partiendo
de Buenos Aires el 10 de febrero de 1824, pero decidió volver a fines de 1828
al enterarse del movimiento revolucionario que inició Juan Lavalle y del
fusilamiento del coronel Manuel Dorrego. Se le ofreció, mediante allegados de
Lavalle, el mando de Buenos Aires, pero él se prometió no derramar sangre
criolla, después de todo el sacrificio que implicó conseguir la libertad. Luego
la historia que conocemos en nuestro país: Duros enfrentamientos, guerras
civiles, Buenos Aires y el interior. Aquellos hechos comenzaron a dividir a
este país, joven por aquel entonces.
Una reflexión final
No creo haber sido tan breve como
pensaba, pero lo cierto es que la vida de este coloso no lo ha sido. Lo
conmemoramos en toda América, en cada rincón del planeta hay una estatua
ecuestre con San Martín montando a caballo y eso nos despierta, o nos debería
despertar orgullo. Ha dado todo por el sueño de ver una patria grande y libre,
se ha dado con la persona indicada, que no por nada se le atribuye la frase
“Serás lo que debas ser o no serás nada”. Alguien nacido en este suelo pero que
pasó gran parte de su vida en España decidió volver al suelo que lo vio nacer
para verlo libre. Enfermo cruzó una gran cadena montañosa y liberó Chile; llegó
a Lima y se convirtió en el libertador de Perú, como si ya no hubiera hecho
suficiente. Los granaderos lo siguen custodiando, en Argentina y en Francia. No
hay muchas palabras, solo agradecimiento.
Detengámonos a pensar cada tanto en estas
personas que forjaron nuestra nación, sigamos amando a la patria y defendamos
lo que es nuestro, pero no entremos a comparar a quienes hoy o ayer nos
gobernaron, porque no tienen un ápice de lo que tenían nuestros próceres,
nuestros héroes desinteresados de todo poder y codicia. Rindamos homenaje
cantando el himno o la marcha de San Lorenzo, leyendo sus historias, emocionándonos.
Sigamos construyendo Nación y libertad. Seamos libres, lo demás no importa.